Chilpancingo, Guerrero / Redacción:
La emergencia sanitaria por el nuevo COVID-19, afectó a los menores de edad que se encuentran damnificados en la contingencia.
A diferencia de lo que pasa en las ciudades del país, la preocupación no es usar cubrebocas, gel antibacterial o asistir a las clases a distancia, sino conseguir sustento familiar.
El rezago social que padece la población infantil indígena, se recrudeció por el hambre y la irrupción del nuevo coronavirus: en la montaña no hay hospitales, doctores o medicinas.
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En esta región, las familias se dedican a producir maíz de temporal para autoconsumo, pero recurren al cultivo de amapola ante la falta de opciones de ingreso. Además, tienen que conseguir madera o agua en la sierra y los niños, apoyan a sus padres en las labores del campo para obtener goma de opio.
Sin embargo, esta actividad ya no reditúa a los jornaleros porque ante el avance del fentanilo entre los consumidores de EU, el precio de la goma de opio se desplomó hasta un 80 por ciento desde 2018.
Lo anterior, resulta una pesadilla para los pequeños porque nacen con hambre, desnutridos, con los pies desnudos y no hay posibilidades de que se den el lujo de sentarse a estudiar frente a una laptop o un teléfono celular, pues ni siquiera tienen luz en sus casas.
Agencias / Vox Populi Noticias
























