Ciudad de México:
Sin Violencia LGBTI, una entidad que reúne a organizaciones de derechos humanos de once países de la región, alerta sobre esta violencia imparable e incomprensible.
Lo que se desprende de su informe elaborado con motivo del día del orgullo gay, que se conmemora este 28 de junio, deja poco para celebrar, pues entre 2014 y 2020, al menos 3514 personas LGBTI fueron asesinadas en América Latina y el Caribe.
Al menos 1401 de ellas, fueron por motivos relacionados con el prejuicio frente a su orientación sexual o identidad de género. Solo en 2019 se registraron 327 casos y en 2020, en plena pandemia de coronavirus, fueron 351 las víctimas.
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Aunque en todos los países de la región la situación es dramática, hay unos que están peor: Colombia, México y Honduras concentraron el 87 pro ciento del total de víctimas en 2019 y el 89 por ciento el año pasado.
“Una de las hipótesis que estudiamos como causa para que en estos países la letalidad sea más alta es que hay mayor presencia de grupos armados y de fuerza pública, que ejercen violencia sobre esta población, además de que son lugares con corredores migratorios que también tienen un efecto en este tipo de crímenes”, dice Marlon Acuña, coordinador de la red regional Sin Violencia LGBTI.
Brasil es caso aparte, según la misma organización, pues no hay datos sólidos sobre los hechos de violencia ocurridos en 2020 en este país contra homosexuales, lesbianas y transexuales.
“Lo que ocurre en Brasil es preocupante, nuestras organizaciones aliadas allí no cuentan con información suficiente para hacer seguimiento a los casos y no es posible establecer una cifra”, dice Acuña. Cabe mencionar que, la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (ANTRA) denunció en enero que el año pasado se registraron 175 asesinatos a personas transexuales en ese país.
El 2020 fue doblemente letal para la comunidad LGBTI, ya que además de tener que lidiar, como el resto del mundo, con una pandemia, siguieron siendo víctimas de la violencia.
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La calle dejó de ser el escenario en donde ocurren los crímenes en su contra y se trasladó a las viviendas, como ocurrió en el caso de Luciana Moscoso, que fue hallada asesinada en su apartamento. En el 43 por ciento de los casos registrados el año pasado no se sabe en dónde sucedieron.
“Las medidas como los toques de queda, la limitación de acceso a servicios -en función del número de identificación o del género-, así como el despliegue de fuerzas policiales y militares para garantizar su cumplimiento, aumentaron los riesgos de violencia no letal por parte de agentes del Estado y de particulares debido al prejuicio frente a la orientación sexual o la identidad de género de las víctimas”, dice el informe de la organización Sin violencia LGBTI, que señala además que la crisis sanitaria tuvo consecuencias en el registro de las muertes violentas de las que fueron víctimas.
“La gestión de la pandemia también impuso retos que amenazaron con desbordar la capacidad judicial y forense de los Estados, las organizaciones también se enfrentaron a dificultades que pudieron llegar a representar intermitencias en los registros”, apunta la organización.
Agencias / Vox Populi Noticias.
























