México / Redacción:
Entrar, mojar, enjabonar, enjuagar, salir. Llevamos la mayor parte de nuestras vidas bañándonos solas y lo lógico sería pensar que controlamos a la perfección todos los pasos. Pues mentira. Puede que tu manera de ducharte esté fomentando el problema.
Usar agua muy caliente
Después de un largo día de trabajo, hay pocas cosas tan terapéuticas como darse una ducha caliente. Sin embargo, tu cabello podría estar pagando un alto precio por esos pocos minutos de relajación. Usar agua caliente al darnos el shampoo puede desequilibrar el pH del cuero cabelludo y, además, dañar la cutícula del cabello.
Frotar el pelo con fuerza
Después de leernos la etiqueta del champú de principio a fin, muchas veces nos dan ganas de frotar el producto con insistencia para aprovechar al máximo los ingredientes activos. Frotar vigorosamente el cabello con el shampoo y en diferentes direcciones puede acabar provocando la rotura del cabello y además sensibilizar el cuero cabelludo.
Saltarnos el acondicionador
Muchas veces tenemos tantas cosas que hacer por las mañanas antes de salir por la puerta que el bote del acondicionador acaba ignorado en el estante. Si necesitas un incentivo para alargar tu ducha esos cinco minutos más, piensa que la recompensa es menos caída del cabello.
Al secar, frotar la piel con fuerza
Al igual que con el cabello, la piel hay que secarla con cariño. Frotarla con fuerza con movimientos demasiado agresivos es incompatible con preservar la barrera protectora de la piel. Por regla general, debemos secarnos la piel delicadamente con una toalla suave de algodón y aplicarnos luego una crema hidratante para sellar la humedad después del baño”.
Usar jabón corporal en la cara
Prohibido usar el jabón corporal para lavarte la cara. Por mucha prisa que tengas y muy tentador que resulte usar un solo producto, la composición de la mayoría de los jabones corporales va en contra de la delicada barrera cutánea del rostro.
Lavarte la cara con demasiada frecuencia
En el otro extremo, lavarse la cara con demasiada frecuencia tampoco presagia nada bueno. Cierto que seguir diariamente una rutina facial sensata ayuda a mantener a raya las imperfecciones y el acné, pero si nos pasamos, podemos alterar las grasas buenas que tiene nuestra piel y tender un puente a, efectivamente, los brotes de acné.
























