Ser respetado es algo muy importante para la autoestima. Todos quisiéramos recibir respeto de quienes nos rodean, ya sea familiares, amigos o jefes y colegas de trabajo. Sin embargo, algunas actitudes pueden ser contraproducentes a este efecto. Descubre cinco estrategias para conseguir más respeto de tu entorno.
Ser y parecer
Una forma fácil de ser respetado en la vía pública es tener muy buena presencia. Ponerse erguido, mantener contacto visual y mantener un tono de voz asertivo y firme son algunos de los métodos para imponerse y ganar respeto. La buena postura corporal es clave a la hora de presentarse.
Si no te agrada como te ves, difícilmente puedas mantener ese “physique du rol”. Por eso, invierte en tu imagen: córtate el pelo, compra ropa. Si el dinero es un problema, usa cupones de descuento en México para poder renovar el guardarropas. Si en estos momentos no cuentas con ningún fondo disponible para mimarte, una buena ducha, ropa recién lavada y una sonrisa son mucho más importantes para tu autoestima de lo que piensas.
No pretendas caer siempre bien
No se puede agradar a todo el mundo todo el tiempo. Inevitablemente, lo que hagas le molestará a algunas personas. Ya sea porque tienen otra opinión, porque difieren en sus gustos y elecciones o simplemente porque les cae mal algo de tu personalidad. Esto hay que asumirlo desde el primer día y aprender a convivir con ello.
Las grandes mentes del mundo o los artistas más reconocidos tienen muchos “haters”. Es decir, siempre que hagas algo habrá gente resentida dispuesta a burlarse o a criticarte. Por lo tanto, el mejor consejo es no tenerle miedo al rechazo y vivir con libertad.
Saber decir que no
Las personas solemos confundir la negativa con el rechazo o la falta de modales. En realidad no tienen nada que ver. Negarse a hacer algo o no elegir una opción que se nos ofrece no tiene nada que ver con ser cortés o no serlo.
Es difícil negarse a hacer algo, pero también es algo que se aprende con la práctica. Es necesario usar un tono calmado y suave pero firme. De forma diplomática, demarcar los límites de lo que estamos dispuestos a hacer y dejar claras nuestras intenciones.
Si la negativa produce tensiones, la capacidad comunicativa de los actores entra en juego. Mantente firme sin tensar el diálogo, explicando tus motivaciones de forma cortés y paciente. Tu objetivo es que los demás logren ponerse en tu sitio y te traten con empatía. Verás que “hablando se entiende la gente”.
No sentir culpa
No estás obligado a complacer a nadie ni eres esclavo de nadie. Cuando una situación te moleste, haz algo para cambiarla. Si establecer límites te ahorra de un mal momento, hazlo.
A veces uno tiene el fantasma de que si se anima a marcar un límite, recibirá una terrible consecuencia. La realidad es que si se habla con cordialidad y empatía, no hay por qué sentir culpas ni remordimientos. Esto es muy difícil pero también sumamente importante para ser respetado.
Marcar las faltas de respeto
Algunas personas son mala gente y se aprovechan de los demás adrede. Sin embargo, la gran mayoría lo hace de forma inconsciente. Todos nos relacionamos de distinta forma con otras personas y dentro de esas relaciones hay diferencias de poder que entran en juego. A veces alguien puede abusar de la amabilidad de otro casi sin darse cuenta.
Por eso, es necesario marcar los límites. Hablar en privado sobre la molestia que nos produjo un comentario puede ser una forma de darle curso a esta marcación. Saber decir que no es otra posibilidad para establecer límites.
La contracara de esto es también marcar sutilmente lo que haces por los demás. Cuando uno hace muchas tareas para otra persona u organización, es fácil que ésta pierda la capacidad de agradecer por el trabajo realizado. Cuando esto suceda, te puedes limitar a hacer lo justo y en seguida notarás cómo los demás empiezan a pedir por favor que realices esas tareas “extra” que estuviste haciendo todo este tiempo.
























