Ciudad de México / Redacción. –
En una tarde soleada de otoño en el centro de la Ciudad de México, la vida de cientos de migrantes, en su mayoría procedentes de Haití, se desenvuelve en un campamento improvisado que ha cobrado vida desde marzo de este año. En un esfuerzo por rehacer sus vidas y encontrar un futuro más prometedor, estos migrantes se han congregado en las calles de la capital mexicana, donde esperan pacientemente su oportunidad para obtener la regularización en el país.
Caminando por la calle de Versalles, se pueden observar escenas que retratan la realidad de estos migrantes. Algunos disfrutan de su comida en cafeterías locales, mientras que otros duermen al aire libre sobre colchonetas o bancas públicas que han convertido en camas improvisadas. La Plaza Giordano Bruno, cercana al Museo de Cera, se ha convertido en un hogar temporal para muchos, donde obtienen electricidad prestada de comerciantes y acceso a Internet a través del Wifi público brindado por el Gobierno capitalino.
Los niños y niñas, jugando entre las casas de campaña multicolores, lavan su ropa en las estatuas y cuelgan tendederos en los árboles. Incluso han improvisado una silla de peluquería para cortarse el cabello entre ellos. Pareciera que todos se conocen desde que se instaló el campamento en marzo.
Weston Pierre, un haitiano de 31 años, es uno de los migrantes que ha emprendido esta travesía en busca de un mejor futuro. Hace 23 días abandonó Haití y recorrió más de 6 mil kilómetros a través de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y México en autobús y caminatas. Abandonó a su esposa embarazada en su país de origen y ahora busca empleo en México mientras espera una respuesta de la Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados (Comar) sobre su solicitud de refugio.
“Mi objetivo es quedarme en México para poder vivir mejor, traer a mi esposa y poder volver a rehacer nuestra vida, tener a nuestro hijo bien, que no le falte nada”, dijo Weston.
De acuerdo con las cifras de la Comar hasta septiembre, más de 112,000 personas han solicitado la condición de refugiado en México, con la mayoría provenientes de Haití, Honduras, Cuba, El Salvador y Venezuela.
A pesar de los desafíos y las dificultades, estos migrantes no se rinden. Algunos, como José Ávila, un venezolano de 31 años, han encontrado oportunidades para emprender en México. José ofrece comida corrida a las afueras de la Comar, generando ingresos para su familia mientras espera la oportunidad de viajar a Estados Unidos con su esposa e hijo.
El proceso de regularización en México es largo y complicado, con entrevistas y análisis de casos individualizados. Esto ha llevado al Gobierno de la Ciudad de México a abrir un albergue en Tláhuac para brindar atención y servicios a los migrantes. Sin embargo, las familias siguen trasladándose hasta la colonia Juárez para revisar su estado migratorio, lo que ha generado preocupación entre vecinos y comerciantes que piden más espacios de atención para evitar aglomeraciones.
Mientras las autoridades continúan trabajando en encontrar soluciones a esta situación, los migrantes siguen esperando con determinación y esperanza, soñando con un futuro mejor en México.
Agencia / Vox Populi Noticias.
























