Garantizar una buena noche de sueño no solo se trata de la cantidad de horas que pasas en la cama, sino también de la calidad de ese descanso. Teniendo esto en cuenta, mantener un estilo de vida saludable con abundante ejercicio, es un factor clave para asegurarse de tener un buen descanso nocturno.
Sin embargo, aunque se recomienda que los adultos duerman entre siete y nueve horas cada noche, sorprendentemente, hasta un 40% de la población mundial no alcanza este objetivo. El problema es que la privación crónica de sueño conlleva riesgos significativos para la salud.
Entre las consecuencias se encuentran enfermedades cardiovasculares, obesidad, trastornos neurodegenerativos y depresión. Pero, a corto plazo, la falta de sueño puede afectar negativamente al rendimiento cognitivo, incluyendo la capacidad de atención, juicio y estado emocional.
El ejercicio como aliado del buen sueño
Afortunadamente, existen formas de contrarrestar los efectos dañinos de la falta de sueño o de su mala calidad. De hecho, el ejercicio se ha revelado como un valioso aliado en este sentido, pues un estudio publicado en la revista European Journal of Preventive Cardiology revela que aumentar la actividad física puede reducir los riesgos de mortalidad asociados tanto con la falta como con el exceso de sueño.
La relación entre ejercicio y sueño
Los investigadores analizaron datos de 92.221 adultos de entre 40 y 73 años para llegar a esta conclusión. En este, la duración del sueño se clasificó en corta (menos de seis horas), normal (entre seis y ocho horas) o larga (más de ocho horas), mientras que el nivel de actividad física se dividió en bajo, intermedio y alto, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Los hallazgos del estudio subrayan la importancia de combinar el ejercicio con un sueño adecuado. Esto es debido a que en aquellos con niveles bajos de actividad física, tanto el sueño corto como el largo se relacionaron con un aumento del riesgo de muerte por todas las causas. Sin embargo, en participantes con niveles intermedios o altos de ejercicio, la duración del sueño no tuvo impacto en el riesgo de mortalidad.
Impacto en la mortalidad cardiovascular y por cáncer
El estudio también reveló que el riesgo de muerte cardiovascular y por cáncer se reducía significativamente en aquellos que cumplían con las recomendaciones de la OMS tanto en sueño como en ejercicio. Esto sugiere que seguir las pautas de actividad física establecidas puede contrarrestar los riesgos asociados con el sueño inadecuado.
























