A días de su captura en Estados Unidos, Ismael “El Mayo” Zambada, cofundador del Cártel de Sinaloa, expresó su sentir ante lo que está viviendo en suelo americano, en una entrevista con María Scherer Ibarra, periodista e hija de Julio Scherer.
Durante su charla, Zambada reflexionó sobre su relación con su hijo, creencias religiosas y su salud física y mental.
Asimismo, María Scherer recordó que Zambada, conocido como “El señor de la montaña” —apodado así por su habilidad para evadir a las autoridades—, la citó en secreto. Entre los temas que tocaron, mencionó su admiración por Mahatma Gandhi y el impacto emocional de la ausencia de su hijo Jesús Vicente Zambada Niebla, “El Vicentillo”, preso en Estados Unidos desde su extradición en 2010.
En un momento significativo del encuentro, Scherer relató que Zambada se conmovió frente a un cuadro donde aparecían Julio Scherer y Gandhi.
–¿Por qué tiene aquí a Gandhi? –preguntó la periodista.
–Porque soy pacifista –respondió Zambada.
–¿Usted?
–Lo soy. Yo solo me protejo.
A pesar de su reputación, Zambada aseguró que buscaba llevar una vida tranquila. Según relató, comenzaba sus días a las cuatro de la madrugada, caminando por el monte antes de que el calor lo hiciera insoportable.
Sin embargo, su salud no lo acompañaba del todo: la cicatriz de una operación en la rodilla y un fémur fracturado en dos ocasiones marcaban sus pasos.
“Perdí el equilibrio. Me caí, y a empezar otra vez con la terapia. Apenas estuvo aquí el doctor”, confesó el narcotraficante sobre su recuperación.
“El Mayo Zambada revela su sentir en entrevista a María Scherer
Más allá del dolor físico, Zambada reveló —el peso emocional que carga— desde la detención de “El Vicentillo” en 2009. Su hijo, quien sería su sucesor en el cártel, permanece recluido en Estados Unidos, lo que ha sido una herida constante para el capo.
–Lo extraño todos los días –admitió.
–Como miles de familias extrañan a sus hijos, muertos y desaparecidos –respondió Scherer.
–Conozco ese dolor.
La conversación terminó cargada de reflexiones personales. A su vez, muestra un lado poco conocido del narcotraficante que, más allá de su figura pública, —enfrenta los mismos dilemas y nostalgias que muchas personas—.

























