La Iglesia católica —lanzó un llamado— a la sociedad para no volverse indiferente ante la violencia en el país, tras el hallazgo del rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco. A través de su editorial Desde la fe, señaló que este tipo de sucesos deben generar indignación y advirtió que “hemos dejado de escuchar a quienes sufren”.
En su mensaje, la Iglesia lamentó que la desaparición forzada y la lucha de miles de familias por encontrar a sus seres queridos no conmuevan como antes. Por ello, se expresó, alertando sobre la insensibilización ante el dolor ajeno, lo siguiente:
“Tantas veces nos hemos indignado a causa de la violencia que dejamos de indignarnos”.
Iglesia denuncia violencia en Teuchitlán y la indiferencia existente
También recordó que las víctimas han alzado la voz en numerosas ocasiones sin recibir respuesta.
“Tantas veces las víctimas de la delincuencia nos han gritado ‘queremos justicia’, que los hemos dejado de escuchar. Tantas veces hemos conocido la noticia de alguien cercano que murió a manos del crimen, que hemos dejado de ser sensibles”, señaló.
—Bajo este contexto, el editorial llevo a cabo un recuento de casos emblemáticos de violencia en México—. Entre ellos, los 43 estudiantes de Ayotzinapa, los sacerdotes asesinados en Cerocahui y los 29 fallecidos en Culiacán.
“Hemos escuchado de un muerto aquí y allá, los dos de Cerocahui, 43 en Ayotzinapa, 29 en Culiacán, y un gran número de desaparecidos en México”, añadió.
—Ante esta cruda y difícil realidad—, la Iglesia exhortó a recuperar la empatía y escuchar a las víctimas, a sus familias. Y, de igual manera a quienes buscan erradicar la violencia. También reconoció la labor de las madres buscadoras, destacando su perseverancia.
“Nos han enseñado cómo los valores familiares sí dan resultados, cómo el amor, la fuerza y la valentía son capaces de sostenerlos incluso en los momentos más difíciles, cómo el dolor es más soportable si se acompaña en familia y en hermandad”, subrayó.
Finalmente, la Iglesia llamó a seguir el ejemplo de estas familias y fortalecer los lazos de solidaridad.
“Las familias buscadoras nos dejan claro que las familias son la esperanza del mundo, aún en medio del dolor y la adversidad”, concluyó.

























