La esperanza se esfumó. Ni Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, ni las bombas prometidas por Conagua aparecieron en el bloqueo en El Moralillo. Las calles siguen anegadas y las casas, bajo el agua.
Pasaban de las tres de la tarde y el nivel del agua no bajaba; al contrario, subía hasta el pecho. En ocho colonias, la desesperación se convirtió en rabia. Vecinos cumplieron más de 29 horas bloqueando sin descanso el puente que conecta Tamaulipas con Veracruz, en la carretera Tampico-Valles.

Lo que exigen por el bloqueo en El Moralillo es claro: que los escuchen. Que alguien voltee a verlos.
Esta zona del norte de Veracruz, perteneciente a Pánuco, es de las más golpeadas por el olvido. Las lluvias recientes colapsaron el drenaje y convirtieron las calles en canales. Las colonias Santa Elena, Lázaro Cárdenas, Arcadio, Malvinas, Laguna de la Costa, Gutiérrez Barrios y Ferrocarrilera siguen inundadas.

Aunque la Marina y Conagua instalaron bombas, estas son pequeñas, ineficientes y mal operadas. La presión no alcanza para mover el agua estancada.
“Cada temporada de lluvias es lo mismo, ya se me mojaron todos mis muebles, los colchones, los refrigeradores, estamos viviendo entre el agua desde hace días, nada nuevo”, dijo Reyna Hernández, una de las habitantes que permanece día y noche en el bloqueo.

Sin agua potable, sin luz, y ahora también sin tranquilidad. El miedo crece entre quienes aún no pueden abandonar sus casas. En los últimos días, ya se han visto cocodrilos en las calles. Dos, para ser exactos.
Por Rufino Aguilera
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