No hace falta decir mucho. Con escuchar “¡Me lleva el Chanfle!”, cualquier fan de El Chavo del 8 o El Chapulín Colorado sonríe de inmediato. La frase, dicha entre enredos cómicos, salió directamente de la mente de Roberto Gómez Bolaños y hoy sigue presente en el habla cotidiana de millones.
Fue en 1979 cuando Chespirito decidió llevar ese grito de frustración a otro nivel. Lo convirtió en título de una de sus películas más queridas, El Chanfle. Dirigida por Enrique Segoviano, la cinta mostró a todo el elenco en nuevas facetas. Contando la historia de un modesto utilero del Club América que —al intentar ayudar a su esposa embarazada— termina enredado en una cadena de confusiones hilarantes.
¡Me lleva el chanfle!: Ahora bien, ¿qué significa realmente esa frase tan peculiar?
La Real Academia Española indica que “chanfle” proviene del francés chanfrein, relacionado con arquitectura y carpintería. Se refiere a un corte en diagonal o a un tiro curvo en el fútbol que engaña al portero. Gómez Bolaños —con su genio— tomó ese término y lo convirtió en algo completamente distinto. Una forma graciosa y ligera de expresar sorpresa o desesperación.
Así nacieron frases como “¡chanfle!”, “¡recontrachanfle!” y por supuesto, “¡me lleva el chanfle!”. El humor de Chespirito logró lo que pocos, reemplazar groserías con ocurrencias tan creativas como limpias. Aunque la palabra ya existía desde hace siglos —un diccionario cubano de 1836 ya la menciona— fue Bolaños quien le dio nueva vida en el lenguaje popular. Su uso técnico quedó atrás y se convirtió en parte del ADN cultural de toda una región.

























