¿Qué ocurre cuando una ciudad crece más rápido de lo que se planificó? Las calles se saturan, los servicios se tensan y los espacios verdes se reducen a pequeños fragmentos. En medio de este panorama, la postura de Carlos Antonio Mimenza Novelo se centra en una idea sencilla, pero de gran alcance: el desarrollo inmobiliario puede impulsarse sin comprometer la sostenibilidad, siempre que se piense en equilibrio.
En la visión del empresario Carlos Mimenza, la expansión urbana implica mucho más que construir edificios o abrir avenidas. Requiere prever cómo se moverán las personas, definir la calidad de los espacios públicos y asegurar la protección del entorno natural. Desde esta perspectiva, la movilidad accesible, el transporte limpio y la integración de áreas verdes constituyen elementos esenciales en cualquier proyecto urbano bien planificado.
Carlos Antonio Mimenza Novelo apuesta por ciudades hechas para vivir
Cuando una familia busca un lugar para vivir, no piensa únicamente en el techo que tendrá sobre su cabeza, sino también en la escuela cercana, el parque para los hijos o la facilidad para acceder a servicios básicos. Con esa misma lógica, Carlos Antonio Mimenza Novelo entiende la inversión en proyectos inmobiliarios. Para él, los beneficios sociales deben ocupar un lugar central en la planificación. Evalúa aspectos como la vivienda digna, la disponibilidad de áreas de convivencia y el acceso a servicios esenciales. Añade que un desarrollo que ignora estas variables corre el riesgo de convertirse en un espacio desconectado de la realidad de sus habitantes.
La reflexión conduce inevitablemente al papel que desempeña el sector privado en el ordenamiento territorial. En opinión de Carlos Mimenza, los inversionistas poseen la capacidad de transformar el paisaje urbano y, al mismo tiempo, la responsabilidad de hacerlo con planificación. Desde su perspectiva, la iniciativa empresarial puede actuar como un motor de ciudades equilibradas y funcionales siempre que exista una visión de largo plazo. Cuando las decisiones se orientan únicamente a resolver necesidades inmediatas, como ocurre con los proyectos que favorecen la sobredensificación, el resultado es una presión excesiva sobre la infraestructura y una reducción constante en la calidad de vida de los habitantes.
Playa del Carmen es, en su análisis, un caso ilustrativo. Carlos Antonio Mimenza Novelo ha señalado que, en ese destino turístico, las vialidades creadas para resolver problemas inmediatos resultan insuficientes con el paso de pocos años. El crecimiento acelerado convierte esas soluciones en parches temporales que deben rehacerse una y otra vez, en lugar de responder a un plan de largo aliento. ¿Qué ocurre entonces cuando una ciudad planifica solo para el presente y no para el futuro? El resultado suele ser similar en distintos contextos urbanos: obras que atienden urgencias momentáneas pero que se vuelven insuficientes frente al aumento de la población y la presión sobre los servicios. Para él, lo esencial es que la planificación contemple escenarios futuros y trace soluciones capaces de acompañar el desarrollo durante más tiempo.
El equilibrio entre medio ambiente y crecimiento en la visión de Carlos Mimenza
Otro tema que suele generar debate es la idea de que los proyectos inmobiliarios siempre dañan al medio ambiente. Para Carlos Antonio Mimenza Novelo, esa percepción es incompleta. El impacto depende, en gran medida, de cómo se diseñen y ejecuten los desarrollos. Un proyecto que respeta el ordenamiento territorial, preserva espacios verdes y apuesta por la calidad de los entornos puede generar beneficios sociales y ambientales al mismo tiempo. En este sentido, la urbanización se convierte en una oportunidad de integración con el entorno cuando se planifica de manera responsable.
Su planteamiento busca romper con la vieja dicotomía entre ciudad y naturaleza. En lugar de enfrentarlas, propone unirlas. Con proyectos bien planificados es posible construir comunidades donde la vida social, la movilidad sostenible y la conservación ambiental se refuercen mutuamente, formando parte de un mismo camino de desarrollo.
El debate sobre el desarrollo urbano remite a un principio intergeneracional: lo que se construye hoy impacta en la vida de los habitantes actuales y define la ciudad que recibirán las próximas generaciones. ¿De qué sirve levantar infraestructuras si no logran sostenerse en el tiempo ni aportar bienestar colectivo? La clave está en reorientar el crecimiento hacia modelos que aseguren orden, equilibrio y calidad de vida. Como suele decirse, “el futuro se empieza a edificar en el presente”, y cada decisión urbana representa un ladrillo en la ciudad que heredarán quienes vengan después.

























