En tiempos antiguos, los rituales dedicados a las almas se iluminaban con rajas de ocote. Ese fuego marcaba el inicio de lo que hoy conocemos como la luz del altar. Con el paso del tiempo, ese papel lo asumieron las velas, veladoras o ceras, que permanecen como un elemento esencial en cada ofrenda con un significado muy especial en el altar de muertos.
La flama representa “la luz”, la fe y la esperanza. Su presencia tiene un propósito. Guiar a las ánimas en su visita al mundo de los vivos. Alumbran el camino hacia el hogar donde son esperadas y marcan el trayecto de regreso. En muchas comunidades indígenas, cada vela encendida simboliza a un difunto. Por eso, la cantidad de cirios depende del número de almas que las familias desean recibir.

El color de las veladoras también tiene su propio lenguaje y significado en el altar de muertos. Las velas moradas representan el duelo. Mientras que algunas ofrendas incorporan cuatro veladoras en forma de cruz. Para marcar los cuatro puntos cardinales. De esta forma, las almas pueden orientarse y encontrar el camino correcto de vuelta al hogar.
Significado de las veladoras en el altar de muertos: ¿Y la cruz?
Sirve para que —al momento de llegar— el alma pueda liberarse de sus culpas pendientes. Este símbolo forma parte de la estructura espiritual del altar. El espacio preparado para recibir a las ánimas. Suele colocarse en la parte central o superior, junto a elementos como el agua, el pan, la sal y la foto del ser querido.
Dentro de la tradición, también existe una diferencia entre las ofrendas dedicadas a los adultos y las preparadas para los difuntos pequeños. En muchos hogares, el 31 de octubre se monta el altar para los niños, quienes regresan el 1 de noviembre.

En esas ofrendas, los alimentos no llevan picante porque se cree que podría dañarlos. Las flores y candelabros suelen ser blancos, símbolo de pureza. Además, se colocan dulces de alfeñique, figuras hechas de azúcar en forma de animales, canastas o pequeños ataúdes.
Algunas familias agregan juguetes de barro pintado. Para que las ánimas infantiles puedan jugar como lo hacían en vida durante su visita. Cada elemento, desde los alimentos hasta las figuras, se presenta en tamaño pequeño. Adaptado a la delicadeza de esos visitantes especiales.

























