Ubicada en el corazón de Padilla, Tamaulipas, la presa Vicente Guerrero vuelve a brillar como fuente de vida. Después de las recientes lluvias, el embalse alcanza alrededor del 70 % de su capacidad. Un respiro para las comunidades que dependen del agua, el riego y la pesca deportiva. El gigante de agua más importante del estado sostiene desde hace décadas la economía local. Cualquier cambio en su nivel o distribución del recurso impacta directamente a las familias y sectores que viven de ella.
En las aguas de la presa nadan especies muy valoradas, como la lobina negra, la lobina de Florida, el bagre de canal, la carpa común y la tilapia. Estos peces alimentan la pesca deportiva que cada año atrae a cientos de visitantes. Además de ser una fuente de alimento e ingresos para los habitantes de la zona.
La presa Vicente Guerrero Padilla impulsa el riego, la pesca y el equilibrio ecológico en el corazón de Tamaulipas
De acuerdo con reportes oficiales, el 21 de octubre de 2025 la presa alcanzó el 70.5 % de su capacidad, tras pasar por una etapa complicada de bajos niveles. Este aumento permitirá retomar con fuerza las actividades de riego y pesca en la región.

Se están impulsando programas de repoblación acuática, liberando miles de alevines de lobina para fortalecer la pesca y conservar la biodiversidad. Estas acciones buscan aprovechar el recurso de la presa, sin dañar el ecosistema. Así lo hacen autoridades estatales.
Pero, expertos en manejo de agua insisten en que el verdadero reto está en cuidar la calidad del líquido y coordinar el uso entre los sectores agrícola, urbano y ambiental. Un mal manejo o la sobreexplotación de la presa, podrían poner en riesgo tanto la fauna acuática como el suministro de agua potable.
La presa Vicente Guerrero en Padilla, Tamaulipas, no solo es un cuerpo de agua, es el corazón que mantiene vivo el desarrollo de Tamaulipas. Su conservación es clave para garantizar el bienestar de miles de familias y asegurar un futuro sostenible para toda la región. Así coinciden los especialistas.
Por Enrique Jonguitud Blanco

























