Detrás del Halloween moderno hay una historia mucho más antigua sobre qué se celebra. Su origen se remonta al festival celta de Samhain. Una celebración que marcaba el final de las cosechas y la llegada del invierno. En esa época, los antiguos creían que los espíritus cruzaban el velo del más allá para visitar a los vivos.
Con el paso del tiempo, el cristianismo absorbió muchas de esas costumbres. Así, Samhain se fusionó con el Día de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre. De esa mezcla surgió lo que hoy conocemos como Halloween, una fecha donde las calabazas talladas, los disfraces y el “dulce o truco” se roban el protagonismo.
En países como Estados Unidos, Canadá, Irlanda y Reino Unido, la nochequé se celebra en Halloween, es todo un acontecimiento. Niños y adultos salen disfrazados de fantasmas, monstruos o personajes de moda para pedir golosinas casa por casa. En lugares como Australia o Nueva Zelanda —en cambio— la tradición no tiene la misma fuerza.

En España y América Latina, Halloween se percibe como una fiesta estadounidense. Aunque muchas culturas locales también celebran la conexión entre vivos y muertos en esas fechas. “Dulce o truco“, es la frase que se escucha en cada puerta la noche del 31. Los pequeños, disfrazados, repiten las palabras mientras reciben caramelos. Si alguien se niega, la tradición dicta que podrían sufrir una pequeña “travesura”. Esta costumbre tiene raíces medievales, en antiguas prácticas llamadas “souling” o “guising”. Donde la gente pedía comida o dinero a cambio de rezos por los difuntos.
Otro ícono inconfundible de la fecha es la calabaza tallada, que nació de una leyenda irlandesa sobre un hombre llamado Jack O’Lantern. Jack engañó al diablo y fue condenado a vagar por la tierra con una brasa dentro de un nabo tallado. Así lo detalla la historia. Al llegar a América, los inmigrantes irlandeses sustituyeron el nabo por la calabaza, más grande y fácil de trabajar. Los disfraces también tienen raíces antiguas. En el Samhain, la gente se cubría con pieles o cabezas de animales para confundirse con los espíritus que rondaban el mundo.
“Escondidos detrás de sus disfraces, los aldeanos a menudo se hacían bromas entre sí, pero culpaban a los espíritus”, explicó Lesley Bannatyne, autora especializada en la historia de Halloween. Las máscaras y los encubrimientos llegaron a ser vistos como medios para salirse con la suya. Eso continuó a lo largo de la evolución de Halloween”.
Con la llegada de inmigrantes irlandeses y escoceses a América del Norte, estas tradiciones cruzaron el océano y se adaptaron al nuevo mundo.
“La gente en las zonas rurales de Estados Unidos realmente abrazó sus raíces paganas y la idea de que fuera una ocasión oscura, centrada en la muerte”, explicó la historiadora Nancy Deihl. “Llevaban atuendos aterradores, que se hacían en casa con lo que tuviera a mano: sábanas, maquillaje, máscaras improvisadas. El anonimato era una gran parte del vestuario. El objetivo de vestirse debía ser estar completamente disfrazado”.

Durante los años veinte y treinta, la cultura pop transformó los disfraces. Aparecieron los primeros trajes de Halloween inspirados en personajes como Mickey Mouse o Popeye, y nacieron las primeras empresas dedicadas a fabricarlos. La gente también disfrutaba personificar figuras marginales, como piratas o gitanos. Los que pronto se volvieron clásicos de la festividad. Así lo explico Bannatyne.
Halloween comparte espacio con el Día de Todos los Santos. Una celebración cristiana establecida por el Papa Gregorio III en el siglo VIII para honrar a los santos y mártires. En México, esta fecha se mezcla con una tradición única: el Día de los Muertos, celebrado entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre.
“El Día de los Muertos es una tradición mexicana que tiene que ver con las diversas costumbres de los indígenas -como el caso de los Teotihuacanos- y la lógica de la cosmovisión de estos pueblos. Para ellos, la muerte no significa que va a haber un cielo o un infierno, o un premio y un castigo. Todo se trata de un ciclo que forma parte de un mismo proceso. Hay toda una lógica muy distinta porque ellos suponen que hay una especie de inframundo en el que los muertos interactúan con los vivos”, explicó el historiador Fernando Casullo.
Así, mientras en unas partes del mundo la noche del 31 de octubre es para reír y asustarse, en otras es un tiempo para recordar y honrar. En cualquier caso, Halloween sigue siendo esa noche mágica en la que el pasado, el miedo y la diversión se encuentran bajo la luz de una calabaza encendida.
























