El proceso de la Virgen de El Chorrito involucra más de cien personas. Con emoción contenida y todavía con manchas de soldadura en las manos, la escultora tamaulipeca Elizabeth María de Fátima Pesquera Caballero observa cómo la monumental Virgen Guadalupana de la Misericordia ya se eleva sobre El Chorrito. La creadora, responsable total del proyecto, contó que esta obra representó “un salto de fe” que implicó dos años de trabajo intenso y un compromiso colectivo poco común.
“De conceptualización artística fue un año completo. Y después de producción, otro año”, relata Pesquera.
La artista explicó que se utilizó acero al carbón para la estructura interna y acero inoxidable para el exterior. Materiales que dieron forma a una figura de 30 metros de altura —sin contar el basamento—. La ingeniería detrás del proyecto requirió la participación de soldadores, ampliadores, ingenieros estructuristas, topógrafos y asesores técnicos provenientes de distintos puntos del país y del extranjero.
Pesquera, quien trabaja de manera cercana con su hija Fernanda, resaltó que se trata de una pieza única, registrada como obra de autor y hecha exclusivamente para Tamaulipas.
“De ninguna manera hay réplica. Es obra de autor, hecha para el estado. Y estoy profundamente agradecida por la confianza que el gobernador me otorgó”, subrayó.
Así fue el proceso de la Virgen de El Chorrito, según su autora
Aunque no existe un número cerrado de empleos formales, la escultora comentó que fueron más de cien personas quienes participaron de manera directa o indirecta. Entre ellos equipos de ingeniería, ―personal administrativo―, especialistas en soldadura y su propio grupo de escultores.
“Son familias y familias las que han trabajado para que esto sea una realidad”, dijo, con la emoción reflejada en el rostro.
―Al ser cuestionada sobre el costo―, la creadora respondió sin rodeos: “Es ridículamente barata para las proporciones que tiene”, al compararla con esculturas monumentales de bronce cuyo valor puede superar los 200 millones de pesos.
Uno de los momentos más significativos para el equipo ocurrió cuando vieron por primera vez la pieza ensamblada en su sitio. “Ni nosotros la habíamos visto junta jamás”, confesó.
“Es impresionante que no hubo ni una sola pieza que no calzara; Eso tiene que ser intervención divina”.
Aunque la escultura aún no está completamente finalizada —faltan la aureola y los acabados finales—, Pesquera expresó que siente la satisfacción del deber cumplido.
“Sí se pudo. Le cumplimos a nuestro amor para el día 12”, concluyó, con la mirada puesta en la figura plateada que, afirma, “parecerá bajar del cielo cuando la vean con luces y terminada”.

Lupita Domínguez González

























