Aunque la historia ya lo coloca como una de las figuras más queridas de Tigres, Mateo Bravo vuelve a ese recuerdo de 1977-1978. Mientras continúa su recuperación del cáncer de colon. Un proceso que enfrenta desde hace un año con disciplina, apoyo familiar y atención médica en el Hospital Universitario.
Hace casi cinco décadas, la escuadra felina apenas sumaba cuatro torneos en Primera División cuando se topó por primera vez con Cruz Azul en unas Semifinales. La Máquina se presentaba como favorita y los universitarios llegaban sin la experiencia que hoy los distingue. En ese escenario, Mateo Bravo —entonces guardameta titular— se convirtió en pieza clave para un plantel de Tigres dirigido por Carlos Miloc e integrado por jugadores como Tomás Boy, Jerónimo Barbadillo, Osvaldo Batocletti y Walter Mantegazza. Recordó con naturalidad cómo se vivió aquel partido de vuelta. Al que Tigres llegó con la obligación de remontar después de caer 1-0 en la ida.
“Osvaldo Batocletti que en paz descanse, dice una frase ‘podemos jugar bien o podemos jugar un poco mal, o podemos jugar mal, de acuerdo a lo que el rival nos exige. Pero lo único que podemos hacer de entrada, es que vamos a rompernos la madre’. Ahí nace una frase que se queda como emblema de esos Tigres”, recordó.

Aquel grupo, exigente en cada detalle, mantenía una energía interna tan intensa que incluso dentro del campo se permitían reclamarse para encenderse mutuamente.
“Ese equipo era tan exigente de manera individual, que nos dimos el permiso todos y cada uno, de echar madres dentro del campo y el rival se da cuenta. Llega un momento en que le digo a (Sergio) Orduña: ‘Orduña, grítale a Tomás (Boy), lo veo muy flojo, no lo veo prendido’. Entonces Orduña va y le dice ‘Tomás, chin… tu ma…’. Tomás le dice: ‘¿Qué pasó?’. ‘Hay 50 mil personas que pagaron por verte jugar. Ponte a jugar cab…’. Se enoja tanto Tomás que se pone a jugar con Barbadillo y mete un gol”, detalló el ex arquero felino.
La reacción de Boy, encendida por ese intercambio, empujó al equipo a irse al descanso con un 2-0 que volteaba el marcador global a 2-1. Ya en el vestidor, la intensidad no bajó.
“Se acaba el primer tiempo, viene Tomás y le reclama a Orduña: ‘¿Así querías que jugara?’, y le dijo: ‘Yo no, pen…. La gente es la que paga, ponte a jugar’. Oye pues ganamos al final y todos felices y contentos”.
Aquel cierre memorable permitió que Tigres eliminara por primera vez a la Máquina en Semifinales, con un global de 3-1. Y, una semana después, llegó el desenlace que marcó una era: el primer título de Liga en la historia felina, obtenido frente a Pumas en el Estadio Olímpico Universitario.

























