Hablando de la expansión del casino online, resulta curioso comprobar cómo el tema no termina de desaparecer del debate público ni en América Latina ni en Europa. Desde su llegada a países como Portugal en 2017, la discusión ha girado de forma constante, a veces con argumentos bien fundamentados y otras con más ruido que certezas. Reguladores, ciudadanos, economistas y autoridades locales se cruzan en un intercambio permanente.
Hay cifras que obligan a mirar más allá de los titulares: el Instituto de Políticas Públicas en Brasil estima que en 2023 las apuestas online movieron más de 120 mil millones de reales. Este crecimiento está estrechamente ligado a la facilidad para apostar en un entorno digital casi omnipresente. Los municipios observan tanto ingresos fiscales como efectos sociales y laborales, aunque sigue sin estar claro si el balance final resulta realmente positivo. El debate sobre los beneficios y los riesgos del sector permanece abierto, avanzando casi al mismo ritmo que la propia industria.
Beneficios económicos generados por la actividad
Es evidente que muchos gobiernos han encontrado en el juego online una fuente relevante de ingresos. En Portugal, por ejemplo, datos oficiales de 2023 indican que más de 159 millones de euros provinieron de impuestos y licencias asociadas al casino online. Estos fondos suelen destinarse a servicios públicos como sanidad, educación o seguridad, lo que refuerza el interés institucional por mantener el sector regulado. Además, se calcula que alrededor de 3.000 personas tienen empleo directo o indirecto vinculado a esta industria en el país.
El impacto no se limita al ámbito digital. En zonas con casinos físicos, algunos informes señalan un aumento de la actividad turística, con mayor movimiento en hoteles, restaurantes y comercios. Programadores, diseñadores, especialistas en marketing y personal de soporte forman parte de un ecosistema laboral que continúa ampliándose. Para economías locales con dificultades, este flujo de dinero puede percibirse como un alivio, aunque persiste la duda sobre los llamados “costes ocultos” que podrían aparecer a medio y largo plazo.
Efectos contraproducentes en la economía local
Detrás de los datos fiscales positivos, surgen señales menos alentadoras. En Brasil, la Confederación Nacional del Comercio informó que en 2024 el comercio minorista perdió más de 109 mil millones de reales, en parte porque una porción del gasto se desvió hacia las apuestas online. Este desplazamiento del consumo afecta a negocios tradicionales y puede repercutir en el PIB regional.
También aparecen impactos en el ámbito laboral. Informes recientes señalan un aumento de casos de personas que apuestan durante la jornada de trabajo. El Ministerio de Previdencia Social registró en 2024 al menos 402 licencias médicas asociadas a trastornos vinculados al juego. Esto se traduce en menor productividad y mayores costes sociales, generando tensiones tanto para empresas como para administraciones públicas.
Desgaste social y sanitario reportado en las comunidades
Más allá de la economía, el impacto social resulta significativo. El acceso constante a los juegos online incrementa los riesgos individuales y colectivos. La Organización Mundial de la Salud reconoce la adicción al juego como un trastorno psiquiátrico, y los testimonios recogidos en 2024 describen pérdidas patrimoniales, endeudamiento severo y rupturas familiares. Psicólogos comparan los mecanismos de recompensa del juego con los de otras adicciones, debido al papel de la dopamina y la incertidumbre constante.
En algunos casos, las personas afectadas requieren tratamiento especializado o internación. El deterioro suele manifestarse primero en la economía doméstica y en los vínculos sociales, afectando con mayor intensidad a quienes ya se encontraban en situaciones vulnerables. A pesar de ello, muchos analistas consideran que el alcance real del problema sigue siendo subestimado.
Retos de implementación y control en diferentes regiones
Regular y fiscalizar el crecimiento del sector plantea desafíos complejos. Portugal ha avanzado con un marco normativo más definido, mientras que en Brasil el debate continúa abierto. Organismos especializados insisten en la necesidad de evaluar criterios de localización, licencias y sistemas de control antes de autorizar nuevas operaciones.
El lavado de dinero, la criminalidad asociada y la dificultad de rastrear transacciones digitales complican la tarea de las autoridades. A nivel local, policías y responsables fiscales enfrentan limitaciones técnicas y de coordinación, especialmente cuando se trata de plataformas que operan a escala internacional. No está claro si los sistemas actuales bastan para abarcar todas las dimensiones del fenómeno.
Juego responsable y protección al usuario
La expansión del casino online ha reforzado la urgencia de políticas sólidas de juego responsable. Organismos de salud y entidades internacionales recomiendan campañas educativas, límites de depósito, mecanismos de autoexclusión y una mayor información sobre riesgos. Los operadores también tienen la obligación de facilitar vías de apoyo y prevención.
Mantener la protección del usuario y de su entorno en el centro del debate regulatorio parece fundamental. Aunque los beneficios económicos resulten atractivos, el desafío consiste en evitar que estos eclipsen los riesgos sociales y sanitarios asociados al crecimiento del sector.

























