Señalan afectaciones de SpaceX en Playa Bagdad de Matamoros. La expansión del proyecto espacial del empresario multimillonario Elon Musk comienza a tener efectos visibles más allá de la frontera
En el norte del estado de Tamaulipas, específicamente en Playa Bagdad, comunidad perteneciente a Matamoros, habitantes y pescadores ya perciben consecuencias ambientales y sociales ligadas a las operaciones de SpaceX en Texas.
El origen de estas preocupaciones se encuentra en Starbase, el complejo aeroespacial ubicado en Boca Chica, donde se construyen y lanzan cohetes.
Este sitio también avanza en su transformación hacia una nueva ciudad en territorio estadounidense, justo a la orilla del río Bravo.
En esa franja fronteriza ya se observan viviendas terminadas y otras en proceso de construcción. Aunque algunas parecen modestas, cuentan con acabados de alto costo y están destinadas principalmente al personal que labora para la empresa del magnate estadounidense.
Organización ambientalista observa efectos negativos de SpaceX en la Playa Bagdad de Matamoros
La organización ambientalista Conibio Global alertó que varias de estas casas estarían descargando sus aguas residuales directamente al río Bravo, sin que exista claridad sobre un tratamiento adecuado.
Esto eleva el riesgo de contaminación en un afluente que resulta vital para la región. El río Bravo no solo marca el límite entre México y Estados Unidos, también sostiene la pesca y el equilibrio ambiental en esta zona.
Por ello, cualquier descarga irregular de desechos impacta de forma directa en la fauna, en la calidad del agua y en la economía local. Pescadores de Playa Bagdad aseguran que el agua ya no es la misma y que la captura de especies ha disminuido.
Atribuyen esta situación al crecimiento acelerado de las instalaciones y asentamientos vinculados a Starbase, sin que se perciba una supervisión binacional efectiva.

Mientras SpaceX sigue avanzando en su proyecto rumbo al espacio, en el lado mexicano crece la inquietud por los costos ambientales que se están pagando sin reflectores.
Para las comunidades fronterizas, la tecnología parece ir más rápido que la protección del entorno y de quienes dependen de él.
Por Enrique Jonguitud Blanco

























