Redacción
Llegó justo cuando terminaba “Juego de tronos” y los seriéfilos lloraban por las esquinas la grave pérdida; la propuesta “Chernobyl” era tan diametralmente opuesta que parecía una serie abocada a conquistar solo a un puñado de avispados amantes de la docurrealidad, pero esa sensación duró solo cincuenta minutos.
Tras ver el primero de los cinco espeluznantes episodios; en los que el ‘showrunner’ de HBO Craig Mazin (cuya carrera incluye sorprendentemente guiones como ‘Scary Movie’, ‘Los ángeles de Charlie y ‘Resacón en las Vegas’) cuenta la tragedia nuclear más grave del siglo XX, ya no hubo dudas: “Chernobyl” es, probablemente, una de las mejores series de la historia.
De hecho, la web especializada IMBD registraba un altísimo respaldo de 9,5 puntos (sobre 10) al primer capítulo; pero los siguientes rozaron los diez puntos. El tercero, “Tierra, ábrete”, es un prodigio de emoción, mientras se aprietan los dientes para contener la rabia.
HBO emitió el último capítulo de una historia cuyo final, demasiado tristemente conocido; es el juicio que condenó a diez años de trabajos forzosos a tres técnicos responsables.
Como colofón, los planos finales son tomas documentales auténticas y añade algunas reflexiones y explicaciones sabidas, pero pertinentes en este trabajo de memoria que es la magnífica serie.
“Chernobyl” empieza dos años y un minuto antes del accidente, justo cuando un hombre demolido, y demacrado; se quita la vida tras esconder unas cintas de casete en las que ha grabado una confesión.
Es Valeri Legásov (Jared Harris), el científico que se dejó la vida, literalmente, para minimizar los efectos de una explosión que nunca debió ocurrir.
Con él, el vicepresidente del poderoso Consejo de Ministros de Mijail Gorbachov Boris Shcherbina (Stellan Skarsgard); que primero negó la gravedad de los hechos y después fue el respaldo imprescindible de Legásov; una pareja que no solo funciona, sino que conmueve y transmite.
Con una documentación tan profusa como precisa, Craig Mazin ha recreado a estos personajes, que vivieron de verdad la tragedia, y se inventa uno; Ulana Khomyuk, a la que da vida Emily Watson, que sintetiza a las decenas de científicos que ayudaron a Legásov y simboliza la necesidad de entender de la comunidad científica.
Ahí están también la desesperación de Legásov ante la inoperancia de los dirigentes y sus decisiones “arbitrarias y sin fundamento”, y también lo contrario:
La esperanza que transmiten los mineros de Tula cuando deciden ayudar; aun sabiendo que van a una muerte segura. Y el plano de esos cien hombres desnudos combatiendo los cincuenta grados a los que excavan bajo tierra.
“Chernobyl” parece una pesadilla, pero no lo es. Y lo que paraliza al espectador es que todo ocurrió, y sólo hace 30 años: La central atómica de Chernóbil, en el norte de Ucrania, explotó el 26 de abril de 1986 liberando material radiactivo por toda Rusia, Bielorrusia y Ucrania, y llegó a Escandinavia y Europa del Este.
La miniserie, coproducida con Sky, se estrenó el pasado 7 de mayo en España y está ya disponible, completa, en HBO.
EFE / Vox Populi Noticias






















