
En México, el comercio exterior ha sido un excelente detonador de inversiones, crecimiento económico y desarrollo para todas aquellas regiones que han logrado integrar sus productos a nivel internacional. Ahora bien, para democratizar las oportunidades y los beneficios que pueden ofrecer la llegada de una liberalización comercial y la integración del comercio local en los mercados mundiales, es necesario sumar a más empresas, sectores y regiones, al carro de la globalidad por medio de su participación en el comercio internacional.
Es bien sabido que el comercio exterior de México ha sido, ya por décadas, uno de los principales motores del crecimiento económico y desarrollo a escala nacional. Para ser más exactos, esta presencia de productos hechos en México en el comercio mundial se inició a partir de los años 80, época en la cual se dio la apertura de la economía y se adoptó un modelo de desarrollo orientado a la exportación con el propósito de posicionar a nuestro país en las cadenas de producción global.
De acuerdo con un artículo publicado por la revista de comercio exterior, al menos en los últimos 30 años, las exportaciones mexicanas se han multiplicado más de 18 veces al pasar de 21 mil 800 mdd a casi 397 mil mdd entre 1986 y 2014, mismas que se han diversificado de manera ‘significativa’.
Este tipo de comparaciones refleja tanto la posición que México ocupa en el comercio mundial, como la importancia del comercio exterior para una creciente economía mexicana.
Así mismo, el comercio exterior de México se ha caracterizado por presentar una acentuada desigualdad en la participación de los 32 estados de nuestra república para la vinculación con las cadenas mundiales de manufactura. En términos de estados, los del norte y los del centro tienen una mayor participación y en ellos se ubican las empresas que exportan. Esto quiere decir que dichas regiones se han visto claramente beneficiadas de las oportunidades de producción, empleo y captación de inversión extranjera directa que el comercio exterior ofrece.
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Por otro lado, esa misma disparidad en términos de desarrollo y competitividad marca una gran brecha entre regiones, sectores y empresas de la república mexicana que no han logrado integrarse exitosamente en la actividad exportadora, haciendo más evidente el rezago del sur-sureste del país (a excepción de la actividad petrolera) y las diferencias ya existentes entre los “distintos Méxicos”.

Fuente: Inegi. Datos consultados en www.inegi.org.mx/temas/exportacionesef/
Para poder beneficiarnos idealmente del comercio exterior a nivel nacional es necesario que, a través del comercio internacional, la planta productiva de más regiones logre integrarse a las cadenas de producción global, que es donde se dan la mayor parte de los intercambios. De otra forma, los estados y regiones que no se integren, quedarán rezagados en sus posibilidades de crecimiento.
Si bien es verdad que cercanía geográfica con el mercado de Estados Unidos explica la ventaja que tienen los estados del norte sobre el resto del país para participar en la actividad exportadora, el reto está en incorporar a aquellas entidades que hasta ahora se han mantenido al margen de la actividad exportadora.
Otros datos que reflejan aún más la importancia de la participación en el comercio exterior, son las tasas de crecimiento económico más bajas del país provenientes de los estados que no participan de manera tan activa en las exportaciones, y es que los motores de la actividad económica están precisamente en el exterior.
También es importante destacar que, si bien las exportaciones pueden estimular la inversión vía el acelerador, sus beneficios se reducen por el impacto negativo que genera la profundización de la dependencia importadora del aparato productivo mexicano, caso de las industrias automotriz y petrolera, por mencionar algunos ejemplos.





















