Ciudad de México/ Redacción.-
Sin duda alguna, hay mujeres que sufren en silencio, como le pasó a Isela del Estado de México, quien durante 10 años fue agredida por su pareja, a tal punto de quererse quitar la vida en dos ocasiones, tras haber asistido durante varios días a psiquiatría, se dio cuenta de lo importante que eran sus hijos, y lo mucho que la necesitaban, por lo que cambió totalmente sus pensamientos y se dio cuenta de que era momento de dejar atrás el dolor y las ganas de morir.
Hace tres meses, llegó al refugio “Espacio Mujeres para una Vida Digna Libre de Violencia”, en donde su vida cambió, ya que encontró un empleo que le permitirá ser autosuficiente y cuidar de sus niños.
“Por miedo a destruir mi familia me aguanté muchas cosas, humillaciones, insultos, malos tratos, indiferencias, y llegó el momento donde yo intento suicidarme, me aconsejan terapia y mi agresor me dice, no estás loca, solamente exageras, deja de hacer berrinches. Tantos problemas cotidianos, las agresiones verbales, emocionales, llegó un momento y ya no pude, quise atentar nuevamente”, comentó Isela.
En México, se encuentran 75 espacios seguros que conforma la Red Nacional de Refugios, en los que ofrecen, prevención, atención y protección a mujeres, niños y niñas que han vivido violencia en razón de género, uno de ellos es el “Espacio Mujeres para una vida digna libre de violencia”, situado al sur de la Ciudad de México, que mediante un modelo integral, logra que las mujeres violentadas que recibe, hagan su vida y salgan hasta con un empleo, que les permite ser autosuficientes.
En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se conmemoró el día sábado 25 de noviembre, la nueva Isela, mencionó que lo mejor que le pudo haber pasado fue llegar al refugio, gracias a eso, ya se siente más segura de sí misma, y a pesar de que durante 10 años sufrió abusos, aún seguirá en proceso de recuperación.
Finalmente, Isela destacó, todo el apoyo que ha recibido, “me han ayudado, gracias a mi psicóloga, a todo el personal que hay aquí, enfermeras, trabajadoras sociales que han trabajado en conjunto para ayudarme a mí y a mis hijos, ahorita los veo y no son los de antes, creo que dieron un salto gigantesco, igual que yo, para liberarnos de ese yugo que traíamos en el cuello”.






















