Los vehículos de dos ruedas llegaron rugiendo a todo lo que da sobre la lateral de Paseo de la Reforma y luego se incorporaron por un andador a los carriles centrales.
Ahí se encontraban los otros seguidores de las Águilas, quienes les hicieron una especie de pasillo, quizá para unirse a la fiesta o un tanto por precaución.
Varias motos, de diferentes centímetros cúbicos, emitieron su “canto” para la algarabía de los americanistas que coreaban, brincaban y eran bañados de espuma entre sí.
Los que estaban un poco preocupados eran los vendedores de comida porque sus productos eran alcanzados por el líquido espumoso.
Cláxones, silbatos y por supuesto el “¡¿Y dónde están y dónde están, esos azules que nos iban a ganar?!” se fusionaron en una sola melodía en poco más de la mitad de la Glorieta del Ángel, esa que vio también cómo el torneo pasado el conjunto levantó la Copa.
Ríos amarillos con tonalidades azules, entonces y también ahora, tiñeron la que es considerada la avenida más bonita de la Ciudad de México.
Ciudad de México






















