El Día de Muertos es una de las tradiciones más icónicas de México, y no solo se trata de recordar a quienes ya no están, sino de celebrar la vida en todas sus formas. Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Esta celebración mezcla elementos indígenas y católicos, llenando los hogares de colores, sabores y aromas únicos. Aquí te dejamos diez datos curiosos sobre esta festividad tan especial.
Raíces ancestrales
Esta tradición del Día de Muertos tiene raíces profundas que se remontan a las culturas prehispánicas, como los mexicas, quienes rendían homenaje a la muerte como parte natural del ciclo de la vida, creyendo que las almas de sus seres queridos regresaban a visitarlos.

Día de Muertos, un tesoro cultural compartido
Aunque el 02 de noviembre es el día principal, la festividad comienza desde el 31 de octubre, fecha en la que se honra a los pequeños que han partido, creando un ambiente especial para cada alma en el hogar.
Ofrendas que cuentan historias: las ofrendas son esenciales en esta celebración. Decoradas con flores, comida, fotos y objetos personales de los difuntos, cada elemento tiene su simbolismo. El pan de muerto, por ejemplo, representa la tierra, aportando profundidad y significado a cada altar.
La icónica Catrina: no podemos olvidar a La Catrina, esa elegante figura esquelética creada por José Guadalupe Posada en el siglo XX. Con su porte distinguido, representa a la muerte desde un ángulo humorístico, convirtiéndose en un símbolo distintivo de esta fiesta.
Papel picado, colores y fragilidad: el papel picado es otro componente imprescindible en las ofrendas, representando el viento y recordando lo efímera que es la vida. —Este arte popular adorna altares y espacios de celebración con sus colores vivos—.
Flores de cempasúchil: guías del camino Las vibrantes flores de cempasúchil, con su tono naranja y fuerte aroma, son las preferidas para las ofrendas, pues se cree que guían a las almas hacia el altar, siendo un vínculo entre ambos mundos.
Dulces que endulzan la tradición: los dulces de calavera, coloridos y hechos de azúcar, son un clásico para los niños. Representan la idea de que la muerte no es algo oscuro, sino un ciclo natural, a veces dulce y reconfortante.
Panteones: lugar de encuentro durante el Día de Muertos, las familias visitan los cementerios para limpiar y adornar las tumbas de sus seres queridos. Este acto es una forma de estar cerca de quienes partieron, recordándolos con respeto y cariño.
La música, alma de la celebración: desde mariachis hasta danzas folclóricas, la música y el baile son parte fundamental del Día de Muertos. Llenando de alegría esta fecha especial y permitiendo que cada persona celebre a sus seres queridos de una manera única.
Tradición presente en cada rincón del mundo
—El Día de Muertos no solo se vive en México; una gran cantidad de comunidades mexicanas en Estados Unidos, Guatemala y otros lugares también celebran—. Este reconocimiento por la UNESCO ha ayudado a compartir y valorar esta tradición en todo el mundo.
El Día de Muertos es mucho más que una tradición; es una manera de honrar y reflexionar sobre la vida, de recordar a quienes amamos. De mantener vivas sus memorias en un ambiente lleno de amor y alegría.

























