Ponerse los lentes de contacto por primera vez puede sentirse como una aventura, una mezcla de emoción y un poco de miedo. Para aquellos que están acostumbrados a usar gafas, el cambio a lentes de contacto abre todo un nuevo mundo de comodidad y libertad visual, pero también requiere un enfoque más delicado.
No se trata solo de colocarlos y sacarlos; cuidar bien de tus lentes y aprender ciertos trucos marcará la diferencia entre una experiencia fluida y posibles incomodidades. Aquí te traemos algunos consejos esenciales que te facilitarán la transición, especialmente si estás comenzando.
Prepara el estuche
Antes de siquiera pensar en ponerte los lentes, la primera regla de oro es tener todo listo. Asegúrate de que tu estuche de lentes esté limpio y seco, con la solución fresca y lista para usar. No es algo que debas hacer a medias.
Si el estuche no está bien cuidado, tus lentes no lo estarán tampoco, y eso puede ser un problema para tus ojos. Piensa en el estuche como una pequeña fortaleza que protege a tus lentes cuando no los llevas puestos, y necesita estar en óptimas condiciones.
Además, cámbialo regularmente. No te quedes con el mismo estuche durante meses, ya que las bacterias pueden acumularse con el tiempo. Y sí, aunque te dé pereza, cada vez que coloques los lentes en el estuche, debes usar una solución nueva. Nada de reutilizar la misma del día anterior.
Lávate las manos muy bien
Este paso parece obvio, pero es fácil pasarlo por alto. El cuidado de los lentes de contacto comienza mucho antes de que lleguen a tus ojos. Lávate las manos con agua y jabón, y asegúrate de secarlas completamente antes de manipular los lentes. El jabón debe ser suave y libre de fragancias que puedan irritar los ojos.
Además, evita toallas de tela que puedan dejar residuos o pelusas, usa mejor una toalla de papel o deja que se sequen al aire. Este simple paso previene infecciones que podrían convertirse en un verdadero dolor de cabeza.
Desecha la solución
Algo que muchos principiantes olvidan es desechar la solución del estuche después de usar los lentes. Aunque parezca una buena idea reutilizarla, esta práctica puede provocar infecciones o irritaciones.
La solución vieja ya ha cumplido su función de limpiar y desinfectar tus lentes, así que siempre que retires los lentes del estuche, asegúrate de tirar el líquido y poner una nueva dosis para el próximo uso.
Cómo colocar tus lentes de contacto
Este es el momento que suele poner nerviosos a los principiantes. Colocar los lentes por primera vez puede ser un poco incómodo, pero con práctica, se convierte en una rutina. Primero, verifica que el lente no esté al revés. Un truco rápido: si el borde del lente parece una cuenca con los bordes hacia afuera, está al revés.
Debe parecer un pequeño bol, con los bordes rectos. Con el dedo índice de la mano dominante, coloca el lente en la yema de tu dedo. Usa los dedos de la otra mano para mantener tus párpados abiertos, y mira hacia arriba o hacia adelante.
Suavemente, coloca el lente en el ojo y parpadea unas cuantas veces para que se acomode. No te preocupes si al principio sientes que se mueve un poco, es normal hasta que tu ojo se acostumbre.
Comienza siempre por el mismo ojo
Un truco sencillo pero que te evitará confusiones es empezar siempre por el mismo ojo. De esa manera, te aseguras de no intercambiar los lentes. Puede parecer que ambos lentes son iguales, pero si tienes diferentes graduaciones en cada ojo, poner el lente incorrecto en el ojo incorrecto puede ser molesto y, además, te impedirá ver bien.
Este hábito, aunque parece menor, se vuelve especialmente útil cuando te estás poniendo los lentes de manera automática, sin pensar demasiado en ello. Siempre elige un ojo para empezar, ya sea el izquierdo o el derecho, pero mantén la constancia.
Utiliza lágrimas artificiales
A veces, los lentes de contacto pueden resecar los ojos, especialmente si los usas durante muchas horas o en entornos con aire acondicionado. Las lágrimas artificiales serán tus mejores aliadas para mantener la comodidad. Ten un pequeño frasco siempre contigo y aplícalo cuando sientas que tus ojos están secos o si notas alguna incomodidad.
Recuerda elegir lágrimas artificiales que sean compatibles con lentes de contacto, ya que algunas soluciones contienen conservantes o ingredientes que podrían dañar los lentes o irritar tus ojos.























