Además del sarampión y la tos ferina, la tuberculosis respiratoria ha comenzado a preocupar a las autoridades de salud en México. En las últimas semanas, los casos han aumentado de manera notable, de acuerdo con el Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud (SSa).
Tan solo entre el 9 y el 15 de marzo, se registraron 371 nuevos casos, y en lo que va de 2025 ya se han reportado 4 mil 113 contagios. Para ponerlo en contexto: en todo 2024 hubo 4 mil 263 casos, cifra que prácticamente ya se alcanzó en apenas 11 semanas del año.
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¿Dónde hay más casos?
Los estados con mayor número de contagios son Baja California, Nuevo León, Sinaloa y Veracruz, con cifras que van de los 265 a los 360 casos. En el Estado de México se han confirmado 168 casos, y en la Ciudad de México, 145.
El boletín también revela 118 casos de meningitis tuberculosa, una forma grave de la enfermedad que inflama las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. Además, se han identificado 813 casos de tuberculosis en otras formas, un repunte importante si se compara con los 824 registrados en todo 2024.
¿Qué es la tuberculosis y cómo se contagia?
La tuberculosis es una enfermedad respiratoria causada por un bacilo, que se transmite cuando una persona infectada tose, estornuda o escupe. Aunque puede ser grave, la tuberculosis se puede prevenir y curar, siempre y cuando se detecte a tiempo. En casos no tratados, puede ser mortal.
Estos son los síntomas de la tuberculosis:
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Tos prolongada (a veces con sangre)
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Dolor en el pecho
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Cansancio o debilidad (astenia)
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Pérdida de peso
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Fiebre
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Sudores nocturnos
¿Solo afecta a los pulmones?
No. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tuberculosis también puede atacar órganos como los riñones, el cerebro, la columna vertebral y la piel. En niñas y niños es más difícil de diagnosticar, y por eso se usa una prueba específica llamada tuberculina.
¿Cómo se trata la tuberculosis?
El tratamiento incluye medicamentos como isoniazida, rifampicina, pirazinamida y etambutol, los cuales deben tomarse durante al menos seis meses.
“Es peligroso suspender el tratamiento antes de tiempo o sin consejo médico”, advierte la OMS.
La clave para evitar complicaciones es la detección temprana y el cumplimiento estricto del tratamiento médico.























