Con misas al aire libre, procesiones con estandartes y semillas en las manos, campesinos de la zona centro de Tamaulipas revivieron su tradición más arraigada. Esta es la fiesta de San Isidro en Tamaulipas, patrón de los agricultores.
La celebración ―realizada el 15 de mayo en municipios como Padilla, Güémez, Hidalgo, Llera y Ciudad Victoria― es más que una costumbre. Es un acto de fe colectiva para pedir lluvia en tiempos de sequía, algo que hoy preocupa profundamente a las comunidades del campo.
“San Isidro es más que una tradición; es una manifestación de la fe con la que trabajamos la tierra. Pedimos por lluvia, por la salud de nuestras plantas, por el bienestar de nuestras familias. El campo hoy más que nunca necesita esperanza”, expresó Miguel Ángel Huerta, presidente de los citricultores en la región.
Esta festividad ha sido parte esencial del calendario rural por generaciones; en años anteriores, familias enteras se unían para rendir tributo a San Isidro. En 2022, por ejemplo, Jaumave y Tula vivieron celebraciones multitudinarias, donde campesinos caminaron con estandartes y recipientes con agua. En 2023, luego de una fuerte helada que afectó los cultivos de naranja, la conmemoración cobró aún más fuerza.
Para los campesinos, la fiesta de San Isidro en Tamaulipas no es solo cuestión de rezar. Es una forma de unión comunitaria, de mirar al cielo con fe sin dejar de sembrar.
“No se trata solo de rezar, sino de reunirnos como comunidad y recordar que el trabajo del campo está lleno de sacrificio, pero también de esperanza”.
Por Jordan Espinosa























