Desde que era niña, Genoveva Hi González tenía claro que quería ser maestra. Hoy, con 50 años de servicio educativo, puede decirlo con orgullo: no se equivocó, ahora es una maestra destacada en Matamoros. Desde sus primeros pasos como docente hasta convertirse en directora de la Secundaria Técnica número 4 “Lázaro Cárdenas del Río”, en Matamoros, Genoveva ha recorrido un camino lleno de aprendizajes y vocación.
“Para mí ser maestra es un proyecto de vida concretado. La verdad es que desde que tengo uso de razón, siempre quise ser maestra y la verdad no me equivoqué en haber elegido esta bonita profesión”.
Para ella, enseñar va más allá de pararse frente a un grupo. Lo suyo es abrir caminos, encender luces y acompañar a sus estudiantes en su crecimiento. Su vocación se forjó también en el campo, donde ejerció durante 25 años. Del ejido Altamirano, en Valle Hermoso, guarda recuerdos que la marcaron para siempre.
“Es iluminar el sendero de la ignorancia, eso representa para mí ser maestra. El trabajar en el medio rural representa el potencial del maestro puesto a la disposición o al servicio de los niños. Yo me sentí realizada en haber trabajado ahí porque siento que aprendí mucho, que la experiencia que te deja el trabajar en el medio rural, donde hay tantas carencias, permite que afloren las habilidades y las competencias que cada uno de nosotros tenemos”.
Ahí no solo enseñaba, también era guía, consejera y apoyo constante para la comunidad. Después de medio siglo en la docencia, Genoveva mira hacia atrás con satisfacción. Cada etapa, cada niño, cada desafío, han valido la pena, ya que ahora es una maestra destacada en Matamoros.
“La comunidad recurre mucho al maestro y sobre todo le da un lugar preponderante en la comunidad, porque además te conviertes en un gestor para ayudar a solventar las necesidades de los niños. Cada etapa, cada nivel educativo tiene sus cosas bonitas, sus desafíos y sus retos, pero todo vale la pena”.
Por Jorge Capetillo























