Si algo tiene el Autódromo Hermanos Rodríguez es historia y potencia. Este fin de semana se pone en los reflectores internacionales al ser el único circuito en México que ha recibido dos de las ligas más pesadas del automovilismo: la Fórmula 1 y, ahora, la NASCAR.
No cualquiera puede presumir eso. El Autódromo Hermanos Rodríguez, se suma a nombres de peso como el Indianapolis Motor Speedway, Watkins Glen International en Nueva York y el circuito de Suzuka en Japón, donde también han rugido los motores de ambas categorías. Todo esto lo resaltó la organización del Gran Premio de México 2025 en un comunicado:
“Es una de las curiosidades que comparten para deleite de los aficionados al llamado deporte motor”.
Y sí que es una coincidencia sabrosa: este mismo fin de semana se corre por primera vez una fecha oficial de NASCAR fuera de Estados Unidos… y es aquí, en la Ciudad de México. Mientras tanto, en Canadá se lleva a cabo el Gran Premio de Montreal de F1.
Pero las conexiones no paran ahí. Hay una lista nada corta de pilotos que pasaron de los monoplazas a los autos stock como si nada: Mario Andretti (campeón de F1 en 1978), Kimi Raikkonen (monarca en 2007), Pedro Rodríguez, Christian Fittipaldi, Jacques Villeneuve, Nelson Piquet Jr. y Jenson Button, por mencionar algunos.
Además, el furor mediático también juega. Las cámaras y los dramas dentro de la pista se han vuelto material para series exitosas. En Drive to Survive, la F1 se muestra al desnudo, mientras que NASCAR Full Speed retrata la adrenalina de quienes compiten por llegar a los Playoffs.
En esta última serie aparece el mexicano Daniel Suárez. Otro detalle curioso: las llantas. Tanto la F1 como la NASCAR han usado neumáticos lisos para mejorar el agarre y la eficiencia del motor. Y ambas confiaron durante mucho tiempo en Goodyear.
“Esta empresa fue la proveedora oficial de la Fórmula Uno de 1965 a 1998, y desde 1954 surte a la NASCAR.”
Y aunque sus autos no se parezcan tanto, la estrategia y la tecnología los une. En F1, los pits duran tres segundos. En NASCAR, más o menos 12, porque además de las cuatro llantas, hay que rellenar el tanque. Así, el AHR se consolida como uno de esos lugares mágicos donde el rugir de los motores hace historia… dos veces.
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