Más de 30 años después de haber tenido una relación con Luis de Llano, cuando ella tenía solo 14 años y él 39, Sasha Sokol logró algo que muchas víctimas ni siquiera imaginan: justicia.
La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) emitió un fallo sin precedentes en México. Esto abre un camino importante para las víctimas de abuso sexual infantil. Ahora, aunque los delitos ya no puedan perseguirse penalmente por haber prescrito. Las víctimas tienen la opción de presentar demandas civiles sin importar cuánto tiempo haya pasado.
Este cambio no significa cárcel para los agresores. Pero sí implica una forma de justicia: las víctimas pueden exigir una disculpa pública, un reconocimiento del daño y una compensación económica.
Caso Sasha Sokol marca un antes y después en abuso infantil: justicia
La abogada penalista Leslie Jiménez explicó que esto les da a las víctimas una oportunidad para recuperar algo de lo que les fue arrebatado.
“Es una manera de volver a tomar el control. La vía civil reconoce que hubo una agresión, aunque ya no se pueda castigar con cárcel, y permite una reparación del daño que también tiene valor simbólico”.
Jiménez señaló además que el fallo manda un mensaje contundente: el paso del tiempo no borra la violencia, ni debería obligar a las víctimas a cargar con la culpa por haber guardado silencio.
“Muchas veces no se denuncia porque no hay herramientas emocionales, porque hay miedo o porque simplemente no se comprendía lo que estaba pasando”.
Para Daniela Torres, abogada de la Defensoría de Derechos de la Infancia, el tema es especialmente complejo cuando el abuso ocurre durante la niñez o adolescencia.
“Cuando el abuso ocurre en la niñez o adolescencia, muchas veces ni siquiera se reconoce como tal. Hay manipulación, coacción, y una estructura de poder en la que el menor cree que todo está bien, que lo que ocurre es normal o incluso consensuado”.
Torres agregó que muchas familias carecen de información para actuar legalmente, o priorizan la atención psicológica sobre la denuncia, mientras que en otros casos son los propios familiares quienes protegen al agresor.
A estos factores se suman trabas del sistema judicial. Muchas veces, las autoridades piden detalles precisos de lugares, fechas y horarios de hechos ocurridos en la infancia. Lo que revictimiza y complica el acceso a la justicia.
Por eso este fallo cobra tanta importancia. Según Juan Martín Pérez, coordinador de Tejiendo Redes Infancia, esta sentencia representa una oportunidad para quienes no pudieron denunciar por el ambiente familiar en el que crecieron.
“Muchas víctimas crecieron en hogares donde el agresor era una figura cercana, protegida, y no tenían ni la autonomía ni la fuerza emocional para hablar. A veces, eso solo llega con la mayoría de edad, después de procesos terapéuticos o al tomar distancia del núcleo familiar”.
Aunque en octubre de 2023 se reformó el Código Penal Federal para que los delitos sexuales contra menores ya no prescribieran. Esa medida no aplica de manera retroactiva. Por eso, los casos previos siguen teniendo un límite de nueve años para poder ser perseguidos penalmente. Sin importar la edad de la víctima cuando ocurrieron los hechos.
Así, aunque el fallo en el caso de Sasha Sokol no se traduzca en una condena penal contra Luis de Llano. Sí marca un antes y un después. Permite que la justicia llegue por otra vía, valida lo que vivieron las víctimas y reconoce que el momento de hablar no siempre coincide con los tiempos legales, sino con el momento en que la mente y el corazón están listos.
“Nombrar lo que pasó es un acto de justicia. Y eso, por sí solo, ya es un paso enorme”, concluyó Jiménez.























