En julio de 2024, Diego Emiliano Hernández Molina discutió con su madre en casa. Vivían en la colonia Héroes Tecámac, en el Estado de México. La pelea escaló rápido. En medio del enojo, la agredió físicamente. Luego, la atacó con un objeto punzocortante y ocurrió el homicidio en Tecámac. La mujer, de 68 años, murió en el lugar.
Un año después de aquel homicidio en Tecámac, las autoridades ya dictaron sentencia. Diego Emiliano fue condenado a 47 años y 6 meses de cárcel por el homicidio calificado de su mamá. Ya está preso en el penal de Ecatepec.
La Guardia Civil de Tecámac fue quien lo detuvo y avisó de inmediato a la Fiscalía estatal. El Ministerio Público reunió las pruebas y presentó el caso ante un juez. Como el homicidio en Tecámac, fue contra su madre, el castigo se agravó.
“Cuando el homicidio se cometa en agravio de un ascendiente, descendiente, cónyuge, concubina o concubinario, pareja sentimental, hermano, adoptante o adoptado, la pena será de treinta a setenta años de prisión”, dice el artículo 241 del Código Penal del Estado de México.
El caso se calificó como homicidio en Tecámac, por vínculo familiar, lo cual elevó la condena. El castigo quedó dentro del rango legal: 30 a 70 años. Este crimen es uno más de los tantos registrados en el Estado de México. Solo en los primeros seis meses de 2025, se reportaron 1,442 homicidios. De esos, 742 fueron dolosos, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
En Tecámac, donde ocurrió este asesinato, se contabilizaron 21 homicidios en ese mismo periodo. De ellos, 16 con arma de fuego, 2 con arma blanca y 3 con otro tipo de objeto. Un crimen familiar que terminó en tragedia y con décadas por cumplir en prisión.























