Ricky Martin vivió una noche inolvidable junto a su hijo mayor, Santino, en el concierto de Bad Bunny en el Coliseo de San Juan, Puerto Rico.
El artista boricua de 53 años, famoso por éxitos como Livin’ la Vida Loca, acompañó al fenómeno del reguetón durante una de las fechas de su gira “No me quiero ir de aquí”, un evento que ha marcado un hito en la isla caribeña.
Ricky Martin comparte con Bad Bunny un momento familiar inolvidable en San Juan
La presencia de Ricky Martin no fue casual. El intérprete de NuevaYoL reconoció en varias ocasiones el talento y autenticidad de Bad Bunny. Esta vez no subió a cantar, pero sí compartió el escenario en un momento vibrante del show, acompañado por su hijo Santino, de 16 años.
Los asistentes no tardaron en compartir clips del momento en redes sociales, donde se viralizaron rápidamente. Ricky fue descrito como un “papá orgulloso disfrutando” y “tan radiante como un joven”. La complicidad entre padre e hijo quedó registrada en fotos y videos que Santino también compartió en sus redes, reflejando la fuerte conexión familiar.
Santino y su hermano gemelo, Matteo, nacieron el 9 de agosto de 2008 mediante gestación subrogada. Ricky Martin, además, es papá de Lucía y Renn, sus hijos más pequeños, nacidos por el mismo método. En distintas entrevistas, el cantante ha defendido públicamente esta forma de conformar una familia.
Pero la gira de Bad Bunny no solo es música y espectáculo. Como ha señalado el diario El País, este proyecto tiene una profunda carga social y política. Consciente de los problemas que enfrenta su tierra, el artista ha utilizado el escenario para hablar de temas como la gentrificación, la corrupción y la creciente migración puertorriqueña.
La residencia artística comenzó el 11 de julio y ha sido leída también como una crítica a Estados Unidos. La actual gira no incluye fechas en ese país, lo que muchos interpretan como una postura política del reguetonero. Hoy, más de 6 millones de puertorriqueños viven fuera de la isla, superando en número a los 3.2 millones que aún residen en ella.
El encuentro entre Ricky Martin y Bad Bunny se convierte así en más que una anécdota de famosos: es un momento simbólico de identidad, familia y orgullo boricua.























