La Central de Autobuses de Tampico se convirtió en escenario de indignación el 30 de agosto, pasadas las 11:20 de la mañana. Ahí, personal de Ómnibus de México le cerró la puerta a un pasajero con discapacidad visual. Negándole el derecho de abordar. El argumento fue burocrático: el descuento para personas con discapacidad requería autorización de un supervisor. El problema es que en ese momento no había ninguno en la terminal, derivando la situación a discriminación a una persona con discapacidad visual en Tampico.
Esa decisión no solo lo dejó varado. También violó su derecho al libre tránsito y pasó por encima de leyes federales. Normas de inclusión y tratados internacionales sobre derechos humanos. Negarle el acceso significó mucho más que impedir un viaje. Representó un acto de discriminación. Una falta de respeto a la dignidad de las personas con discapacidad y una prueba de la exclusión que persiste en este servicio.
La exigencia hacia la empresa es contundente por discriminación a una persona con discapacidad visual en Tampico. Dar una explicación pública, ofrecer disculpas formales y garantizar que hechos como este no vuelvan a repetirse. Eso implica, señalan activistas, capacitar a su personal en derechos humanos, inclusión y accesibilidad.























