Gabriel Fernández siempre jugó con el alma en Cruz Azul, aunque su cuerpo le cobrara facturas durísimas. El delantero de Cruz Azul nació con sueños grandes y desde joven quiso dejar Uruguay para hacer del futbol su camino de vida. Se formó en Defensor Sporting y después pasó por Cerro Largo, Racing de Montevideo y Peñarol. Con este último levantó dos títulos de Liga y dos de Copa en 2018, logros que marcaron sus primeros pasos.
Sin embargo, las lesiones aparecieron pronto. En la campaña 2014-2015, jugando con Racing, sufrió una ruptura de ligamento cruzado. Pasó 304 días fuera. En 2016-2017 volvió al quirófano y otra lesión lo marginó 27 partidos. Cada rehabilitación fue un reto físico y mental, pero el “Toro” aprendió a endurecer el espíritu.
Probó suerte en España con el Celta de Vigo y el Real Zaragoza. En 2021 llegó a Juárez para debutar en la Liga MX. Anotó 12 goles en cuatro torneos cortos, suficientes para que Pumas lo fichara en 2023. Con los Bravos estuvo 80 días fuera por lesiones musculares, pero en el cuadro universitario no tuvo ni un resfriado.
En Europa también cargó con molestias en tobillos y tendón de Aquiles, aunque nunca lo apartaron demasiado tiempo de las canchas. Después de seis meses con Pumas, Cruz Azul pagó 11 millones de dólares para tener a Gabriel Fernández. Su llegada generó gran expectativa, pero otra ruptura de ligamentos lo alejó 293 días. Mientras Martín Anselmi celebraba éxitos con la Máquina, él luchaba en silencio dentro de la rehabilitación.
Cuando por fin volvió, en mayo, sufrió una distensión de ligamentos. El club lo apartó de los planes y Larcamón, nuevo técnico, no lo contemplaba. Lo registraron en la Sub 21, lo llevaron a la Leagues Cup, pero nunca jugó.
Aun así, el espíritu del “Toro” no se quebró. Cruz Azul falló en fichar a Luka Jovic y cedió a Giakoumakis al PAOK. Sin otro delantero disponible, la directiva decidió darle otra oportunidad. El 16 de agosto entró de relevo al minuto 80 y marcó el gol del triunfo. Fue su forma de volver a la vida futbolística y gritar que, con alma de hierro, nadie lo detiene.























