Las Hermanas Oblatas de Jesús Sacerdote llegaron a Nuevo Laredo en noviembre de 1989, durante el episcopado de Mons. Ricardo Watty Urquidi. Su misión fue rezar por sacerdotes y seminaristas, así como colaborar en labores administrativas y vocacionales de la Iglesia local.
Este fin de semana, la Diócesis de Nuevo Laredo se reunió para despedirlas con una misa presidida por Monseñor Rogelio Cabrera López. Fue el cierre de 35 años de servicio, entrega y acompañamiento pastoral.
Entre las asistentes destacaron la Madre Landy Carolina Tun Pinto, Superiora General de la congregación; la hermana Lucía Lidia Leyva Villavicencio, fundadora de la primera comunidad en la ciudad; y las hermanas María Asunción Velázquez Zúñiga, Florina Ávila, Marcela Zavala y Ma. Sanjuana Aguilar. Todas con una historia de amor y compromiso hacia esta iglesia local.

Durante su homilía, Monseñor Cabrera subrayó dos ejes de la Eucaristía: el perdón y la gratitud. Reconoció el trabajo de las religiosas y pidió disculpas si en algún momento no fue valorado como merecía.
“Aunque nos embarga la tristeza por su partida, tenemos la esperanza y la certeza de que Dios las llama a seguir sirviendo a su Iglesia en otros lugares”, señaló el Administrador Apostólico.
Por su parte, el prelado destacó que las Hermanas Oblatas se convirtieron en parte de la historia de la diócesis, caminando junto a ella desde sus inicios y dejando una huella imborrable.
En la ceremonia también estuvieron presentes el Vicario General, el Canciller, sacerdotes de la curia diocesana y personal administrativo; la misa concluyó con una comida en honor a las Hermanas Oblatas en Nuevo Laredo.
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