El sur de Ciudad Victoria guarda la memoria de mujeres mercedarias Tamatán que marcaron su tiempo con entrega social y espiritual. La historia de San Isidro Tamatán y de Nuestra Señora del Sagrado Corazón revela cómo la acción diaria puede dejar identidad y devoción, gracias al legado de la Orden de la Merced.
El escritor y artista visual Eduardo Vargas López impartió una charla en la Biblioteca Estatal Marte R. Gómez. Allí compartió su ensayo “Aquellas Mujeres Santas: Reconocimiento del papel de los grupos CERS y la orden tercera mercedaria en Tamatán”.
Recordó que la parroquia San Isidro Labrador, en Tamatán, fue cuna de grupos laicos comprometidos, en especial mujeres mercedarias en Ciudad Victoria. Ellas asumieron la enseñanza, el acompañamiento y ministerios en la capilla de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en la colonia Américo Villarreal.
“Estas mujeres trabajaron casa por casa, difundiendo el rosario y promoviendo devociones”, explicó.
Durante el Segundo Coloquio Interdisciplinario Tópicos Victorenses, Vargas subrayó el peso cultural y comunitario de estas mujeres en la capital tamaulipeca.
“Las Comunidades Evangelizadoras para la Reconciliación y el Servicio, CERS, integradas por laicas dedicadas al servicio, ofrecieron acompañamiento espiritual, atención a enfermos, catequesis y labores de reconciliación, siguiendo un modelo de servicio que exige humildad y constancia. Su labor fue comparada con el arquetipo de Marta de Betania, diligente y preocupada por los demás”.
El legado de las mujeres mercedarias Tamatán Ciudad Victoria sigue inspirando fe, servicio y unión en la comunidad local
La Orden Tercera Mercedaria —en paralelo— formó mujeres mayores. Enfocadas en la contemplación, la devoción y la caridad. Consolidaron capillas y promovieron la fe, evocando la figura de María de Betania, centrada en escuchar y meditar.
Así, la participación femenina ganó visibilidad en la liturgia y la vida de Tamatán. Mujeres acólitas, lectoras, salmistas y ministras daban forma a los ritos. El pantalón negro, la blusa blanca y la cruz de madera con las siglas CERS simbolizaban identidad y entrega.
Este legado conecta con la Orden Mercedaria fundada en 1218 por Pedro Nolasco en Aragón, que liberaba cautivos y cuidaba a los pobres. Con el tiempo, los frailes y laicos llevaron su labor a México, donde protegieron culturas, impulsaron educación y fomentaron la caridad. La huella femenina se nota en parroquias, templos y ministerios que todavía hoy sostienen la identidad comunitaria.
“Su esfuerzo no solo sostiene la vida litúrgica, también genera cohesión social y orgullo comunitario”, afirmó Eduardo Vargas.
Ese trabajo cotidiano aún respira en capillas, celebraciones y tradiciones que muestran que fe, servicio y comunidad siempre van de la mano. Más allá de cargos, su acción visibilizó el papel transformador de la mujer en la Iglesia y la sociedad.
Valores como servicio, justicia y devoción sigan presentes en la memoria colectiva, gracias al reconocimiento a estas mujeres. Su historia recuerda que el legado espiritual y cultural se construye día con día. Que la participación femenina resulta vital en San Isidro Tamatán y Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
Por Enrique Jonguitud Blanco























