El avance urbano de la megalópolis ha empujado al alza el número de autos, el uso de gas LP y productos domésticos, detonando mayores concentraciones de ozono en la Ciudad de México. Desde hace más de una década, los picos horarios no muestran una reducción sostenida, explicó un especialista en calidad del aire. Erick Velasco, investigador del Molina Center for Energy and the Environment, señaló que el comportamiento del contaminante se estancó desde 2010.
“Desde entonces, entre 60 y 70 por ciento de los días superan el estándar aceptable de calidad del aire de 90 partes por billón (ppb)”
Aunque ya no se repiten los niveles extremos de finales del Siglo 20 y hay menos contingencias, la tendencia a la baja se frenó. Las concentraciones actuales siguen por encima de lo permitido y afectan a millones de personas que las respiran todos los días. El incremento anual, estimado entre 5 y 6 ppb, tiene consecuencias directas en la salud de la población. De acuerdo con el Inventario de Emisiones, más del 85 por ciento del ozono está ligado al tránsito vehicular.
“Nuestra flota vehicular es más joven, con combustibles más limpios, sin embargo, más de 121 mil coches se suman al año, hoy en día tenemos más de 7 millones en las calles, por eso estamos atorados”.
Velasco añadió que el crecimiento urbano impulsó el consumo de gas LP, solventes y otras fuentes de vapores contaminantes. Este fenómeno se intensificó en las zonas limítrofes con el Estado de México e Hidalgo, conforme la ciudad se expande. Al evaluar riesgos sanitarios, el especialista advirtió que otros contaminantes resultan aún más dañinos.
“Las partículas son más peligrosas que el ozono en términos de salud pública, en términos de muertes prematuras causadas por exposición a ozono, considerando a las 7 entidades de la megalópolis. Tenemos que se estiman en 750 muertes prematuras, esto representa 1.77 muertes por cada 100 mil habitantes. Estas son muy menores a las más de 21 mil muertes causadas por la exposición a partículas”.

El calor también influye en los niveles de ozono en la Ciudad de México
Al calentamiento global, que elevó un grado centígrado la temperatura capitalina en el último siglo, se suman las islas de calor urbano. El concreto y el asfalto absorben radiación solar y la liberan lentamente, alterando la dinámica atmosférica.
“La mayor parte de la radiación solar, la absorben las construcciones, las banquetas, las calles, y esta radiación la regresan a la atmósfera a lo largo del día en forma de turbulencia”
Además del uso de hidrocarburos, la vida urbana genera nuevas emisiones cotidianas. El crecimiento de la ciudad modificó la circulación del aire y la distribución de contaminantes. Hoy se detectan convergencias atmosféricas más tempranas e intensas, aunque breves, que empujan aire sucio hacia la superficie.
“Tenemos que poner mucha atención en las emisiones de aerosoles y orgánicos volátiles relacionados con los puestos de garnachas, tacos, tamales. Hoy en día observamos de 2 a 3 líneas de convergencia más temprano, más intensas, sí de corta duración, pero muy intensas. Y al empujar las masas de aire contaminado hacia la superficie, desencadenan contingencias ambientales en sitios como en Naucalpan, Tlalnepantla, Camarones, donde rara vez las observábamos”
Ante este escenario, el ozono dejó de ser un problema exclusivo de la capital y se volvió regional. Velasco insistió en la urgencia de fortalecer la vigilancia ambiental en toda la zona metropolitana, por los niveles de ozono en la Ciudad de México.
“Que abarque a toda la megalópolis, tenemos alrededor de 75 estaciones de monitoreo en toda la región, pero sólo las 34 estaciones de la Ciudad de México generan datos confiables”























