El río Bravo presenta un nuevo elemento en su entorno fronterizo tras la colocación de boyas giratorias frente a Nuevo Laredo. Autoridades estadounidenses instalaron el primer tramo de estos dispositivos naranjas cerca del Puente Internacional Juárez-Lincoln, conocido como Puente 2. Previamente, fueron colocadas estructuras de anclaje en medio del cauce para sostener la barrera, impulsada dentro de las acciones de seguridad fronteriza de Estados Unidos.
Las boyas en el río Bravo generan inquietud por posibles afectaciones futuras
En esta zona, el nivel del agua alcanza aproximadamente 37 centímetros. Esa condición ha impedido que las boyas permanezcan flotando. Las boyas descansan sobre el lecho rocoso junto al puente. La obra ha provocado inquietud entre autoridades de Nuevo Laredo y Laredo, Texas, por sus posibles efectos sobre el comportamiento del río.
La preocupación aumenta ante la posibilidad de lluvias intensas y un eventual crecimiento del cauce en este punto de la frontera. La Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) indicó que el proyecto no tiene una solicitud de permisos ante el organismo binacional. La CILA señaló que faltan las evaluaciones técnicas.

Entre los riesgos señalados está la posible acumulación de ramas y otros materiales arrastrados por la corriente durante una creciente. La corriente podría acumular materiales, obstruir el río o desprender las boyas.
La instalación modifica nuevamente el paisaje del río Bravo, un espacio ligado históricamente a la vida cotidiana de las comunidades de los Dos Laredos. Ahora, una de las principales interrogantes será conocer cómo responderá esta estructura si el nivel del río aumenta de manera considerable.























