Durante mucho tiempo, la relación con un hotel parecía bastante sencilla: uno viajaba a otra ciudad, necesitaba un lugar para dormir y reservaba una habitación.
Pero cualquiera que haya entrado a un hotel sin llevar una maleta sabe que esa descripción se queda corta.
Hay personas que van a un hotel para comer, reunirse con alguien, trabajar durante unas horas, asistir a una boda, tomar algo en una terraza o pasar una tarde en la piscina. El huésped que pasa la noche sigue siendo fundamental para el negocio hotelero, pero ya no es la única persona para quien un hotel puede resultar útil.
Poco a poco, esa idea está ampliando la relación entre los hoteles y las ciudades que los rodean.
Un hotel también forma parte de su ciudad
México cuenta con una actividad hotelera enorme. De acuerdo con DataTur, la plataforma estadística de la Secretaría de Turismo, 42.8 millones de turistas nacionales llegaron a cuartos de hotel en los 70 destinos seleccionados que monitorea el sistema entre enero y junio de 2026.
Es una cifra vinculada al turismo, pero los hoteles no funcionan aislados de las comunidades donde se encuentran.
Sus restaurantes reciben clientes locales. Sus salones albergan bodas, reuniones y otros eventos. Los spas y gimnasios pueden atraer a personas que viven cerca. Un bar en la azotea puede convertirse en un punto de encuentro de la ciudad aunque buena parte de sus clientes nunca suba a una habitación.
Esa relación con el público local está recibiendo más atención dentro de la industria.
Una encuesta de Skift Research citada por Skift encontró que el 73% de los participantes afirmó que sería muy probable que visitara el bar en la azotea, el restaurante o el spa de un hotel si estuvieran abiertos a personas que no se hospedan allí y se presentaran como destinos para residentes locales.
La oportunidad, por tanto, no termina en vender más noches. También consiste en pensar qué puede ofrecer un hotel a alguien que ya está en la ciudad.
No hace falta estar de vacaciones
Esto resulta especialmente interesante porque muchos de esos usos no tienen demasiado que ver con viajar.
Una persona puede querer pasar una tarde en una piscina sin organizar unas vacaciones. Alguien que trabaja desde casa puede necesitar unas horas de privacidad para una videollamada importante. Una pareja puede reservar tiempo para descansar sin salir de la ciudad. Quien asiste a una boda puede necesitar un lugar donde prepararse antes del evento.
También están los momentos menos planeados: varias horas libres entre compromisos, una cita que se cancela, una jornada especialmente larga o simplemente las ganas de cambiar de ambiente.
En ninguno de esos casos es imprescindible pasar la noche. Lo que cambia es la duración y el motivo de la estancia.
De alojarse en un hotel a utilizar un hotel
Algunos hoteles ya abren piscinas, spas, gimnasios y otras instalaciones a visitantes durante el día. Otros buscan que sus restaurantes, vestíbulos y áreas comunes atraigan tanto a viajeros como a quienes viven cerca.
Esa relación con los residentes locales también está empezando a recibir atención académica. Un estudio publicado en el Journal of Hospitality and Tourism Insights analizó cómo un hotel podía ampliar su función más allá del alojamiento mediante clubes y actividades dirigidas a la comunidad. Los investigadores encontraron que el establecimiento ya funcionaba de manera informal como punto de encuentro a través de actividades como clubes de cocina y reuniones de aficionados, y plantearon que este tipo de iniciativas puede fortalecer la relación de los hoteles con su entorno local.
Se trata de un estudio exploratorio y centrado en un caso específico, no de una descripción de toda la industria. Aun así, ilustra una posibilidad más amplia: una propiedad hotelera puede tener una función en la ciudad que va más allá de proporcionar alojamiento a quien llega de fuera.
Las habitaciones también forman parte de esa evolución.
HotelsByDay, por ejemplo, permite reservar hoteles por día sin contratar una estancia nocturna, una opción para quienes necesitan una habitación durante unas horas y no un alojamiento para toda la noche.
La idea es sencilla, pero modifica una de las convenciones más arraigadas de la hotelería: que utilizar una habitación implica necesariamente pasar la noche en ella.
Más formas de relacionarse con un hotel
El alojamiento nocturno sigue siendo el centro del negocio hotelero y continúa teniendo una escala enorme en México. Los datos de DataTur lo dejan claro.
Lo que se amplía es la cantidad de situaciones en las que una persona puede relacionarse con un hotel.
Puede ser cliente del restaurante sin ocupar una habitación. Puede utilizar el spa sin estar de vacaciones. Puede trabajar desde un área común sin encontrarse en un viaje de negocios. Puede necesitar una habitación durante la tarde y dormir esa misma noche en su propia casa.
Para los hoteles, ampliar esos usos puede significar llegar a personas que antes quedaban fuera de su mercado. Para los residentes, significa tener más formas de utilizar espacios y servicios que ya forman parte de su ciudad.
El hotel como parte de la vida cotidiana
Tal vez la mejor forma de entender este cambio sea dejar de pensar en los hoteles únicamente como edificios donde duerme la gente que viene de fuera.
Son también restaurantes, lugares de reunión, espacios para eventos, zonas de trabajo, instalaciones de bienestar y, cada vez más, lugares que pueden utilizarse durante unas horas.
Eso no significa que todos los hoteles vayan a convertirse en espacios de uso cotidiano ni que todos sus servicios deban abrirse a cualquier persona. Cada propiedad tiene su propio modelo, sus huéspedes y sus limitaciones operativas.
Pero la frontera entre “viajero” y “cliente del hotel” es menos rígida de lo que parece.
Y quizá ese sea el cambio más interesante: para encontrar un motivo para entrar a un hotel, ya no siempre hace falta tener un viaje planeado.























