Ciudad de México/Redacción.-
El próximo 14 de Octubre, una alineación cósmica nos brindará un espectáculo celestial único: un eclipse parcial de sol que recorrerá el cielo desde el océano Pacífico hasta el Atlántico brasileño. Sin embargo, este fenómeno que hoy maravilla a la humanidad, alguna vez fue motivo de temor y misterio para una de las civilizaciones más antiguas de la historia: los mayas.
Los mayas, cuya influencia abarcó regiones de Guatemala y varios estados de México, incluyendo Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas y Tabasco, no solo fueron reconocidos por sus conocimientos matemáticos, como la invención del concepto del cero, sino también por su profundo interés en la astronomía. Antes de la aparición de telescopios y calculadoras científicas, los mayas ya eran expertos astrónomos.
Sin embargo, a pesar de su comprensión avanzada de los fenómenos celestes, los mayas tenían una relación ambivalente con los eclipses solares y lunares. Para ellos, estos eventos desencadenaban emociones que oscilaban entre el miedo y la aprehensión. ¿Cuál era la razón detrás de estos sentimientos?
Los mayas creían que los astros que proporcionaban luz y vida a la Tierra estaban en constante peligro durante un eclipse. En su cosmovisión, la Luna, al tapar al Sol, lo entregaba a una entidad temida llamada Tecuani, el “come gente”. Aunque hoy sabemos que un eclipse ocurre cuando la Luna bloquea la luz solar desde la Tierra, para los mayas, esta acción era un evento de gran trascendencia que requería rituales y ofrendas de sangre al Dios Sol.
Según el Dr. José Franco, del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Luna, a pesar de ser mucho más pequeña que el Sol, puede bloquearlo por completo debido a su proximidad a la Tierra.
El misticismo maya también incluía la creencia en animales míticos salvajes, conocidos como “Xulab”, que intentaban devorar al Sol y la Luna durante los eclipses. Con el tiempo, esta creencia se transformó en la idea de que el diablo, o “kakaz-baal” en maya, trataba de devorar al Sol.
En la cultura maya, el Sol y la Luna mantenían una relación especial de atracción mutua, una idea que se encuentra en el antiguo texto maya “Chilam Balam de Chumayel”, que explica el origen de los eclipses.
Los mayas tenían rituales para simbolizar el momento de la desaparición temporal del Sol, incluyendo la creación de pinturas que representaban el eclipse. Además, estos eventos solían perturbar las actividades cotidianas, como la caza o la preparación de alimentos.
Diferentes grupos mayas tenían creencias específicas sobre los eclipses. Por ejemplo, los mayas tzotziles los consideraban enfermedades de los astros, mientras que los Quichés evitaban mirarlos por temor a la ceguera y las enfermedades.
En medio de estas creencias y rituales, los amuletos también desempeñaban un papel importante como protectores del cuerpo y la energía de las personas durante los eclipses.
Así, las creencias mayas sobre los eclipses revelan una profunda y fascinante conexión entre su visión del cosmos y sus prácticas ancestrales, que nos permiten entender mejor su rica cosmovisión.
Agencias/Vox Populi Noticias























