Ayrton Senna y México tuvieron una relación intensa, llena de emoción, velocidad… y también de golpes duros. Para el tricampeón brasileño, el Autódromo Hermanos Rodríguez fue una pista de respeto total. Una bestia complicada que a veces se dejaba domar, y otras no tanto.
Ayrton Senna pisó por primera vez el asfalto capitalino en 1986, justo cuando la Fórmula 1 volvía a México tras varios años de ausencia. Y vaya debut: se adueñó de la pole position marcando un tiempazo de 1’16″990. Ya en la carrera, a bordo de su Lotus, terminó tercero, cruzando la meta con la bandera a cuadros ondeando en el fondo.
Un año después, Ayrton regresó con hambre de más. En la clasificación volvió a volar, logrando el mejor tiempo. El domingo, manejando ahora para McLaren, se subió al podio en segundo lugar, rozando la gloria.
La tan esperada victoria llegó para Ayrton Senna en 1989. Pero, como suele pasar en las buenas historias, la felicidad no sería eterna. En 1991, Senna sufrió un tremendo accidente durante la práctica del viernes, justo en la famosa Curva Peraltada, donde perdió el control de su McLaren.
Al año siguiente, el destino no le dio tregua. Durante la edición de 1992, Ayrton Senna se estrelló contra las barreras a más de 200 kilómetros por hora. Terminó usando un collarín en la carrera… que, para colmo, no logró terminar debido a fallas mecánicas en su monoplaza.
El mundo del automovilismo perdería a Ayrton Senna el 1 de mayo de 1994, tras un accidente fatal en el Gran Premio de Imola, en Italia. Pero en México, su recuerdo sigue corriendo fuerte, como el rugido de los motores en el Hermanos Rodríguez.























