En medio del barrio de Flores, en Buenos Aires, Argentina, una historia de amor con Amalia marcó para siempre el rumbo de quien más tarde se convertiría en el Papa Francisco.
Jorge Mario Bergoglio, entonces un niño de apenas 12 años, vivió su primer enamoramiento con su vecina Amalia Damonte. Tan fuerte era el cariño que le tenía, que llegó a prometerle algo que acabaría transformando su vida:
“Si no puedo casarme contigo, me haré sacerdote”.
Amalia recordó aquella etapa con una sonrisa en el rostro. Años después, en una entrevista, compartió cómo su padre le prohibió seguir viéndose con Jorge e incluso la castigó por escribirle una carta. Aquella historia de infancia se desvaneció, pero la promesa de Bergoglio se volvió un camino de fe.
El primer amor del Papa Francisco y su promesa
Hoy, esa historia resurge tras la muerte del líder de la Iglesia Católica, quien falleció a los 88 años debido a una neumonía bilateral. El deterioro en su salud comenzó con un cuadro de bronquitis y, —con el paso de los días—, su estado se agravó hasta convertirse en irreversible.
Jorge Mario Bergoglio, nacido el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires. Fue elegido como Papa el 13 de marzo de 2013, convirtiéndose en el primer latinoamericano en asumir el cargo tras la renuncia de Benedicto XVI. Su papado rompió esquemas: habló sin rodeos sobre desigualdad, medio ambiente, abusos dentro de la Iglesia y derechos humanos, siempre con una postura humilde y cercana al pueblo.
Sin lujos, con una vida sencilla
Durante su vida, Francisco —eligió dejar a un lado— los lujos del Vaticano y abrazó un estilo pastoral sencillo. Ese mismo enfoque lo pidió también para su despedida: sin grandes ceremonias, sin espectáculos, solo un adiós con humildad, como vivió y predicó.
Detrás de su investidura como Sumo Pontífice, vivía un hombre marcado por decisiones profundas. Como aquella promesa infantil que, con el tiempo, lo llevó a entregarse por completo a la Iglesia.























