Tal vez ni te das cuenta, pero algunos hábitos del día a día están afectando tus riñones más de lo que imaginas. Y lo peor: puede que los síntomas lleguen cuando el daño ya esté avanzado. Estos órganos, aunque pequeños, son esenciales.
Funcionan como filtros, sacan toxinas, desechos y lo que sobra de agua del cuerpo. Por eso, cuidarlos no es un lujo, es necesidad. Así que, antes de que te pase factura, échale ojo a las prácticas que, según la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón, son de las más dañinas:
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Te pasas con los analgésicos:
Tomar muchas pastillas para el dolor, sobre todo AINEs como aspirina, ibuprofeno o naproxeno, puede afectar seriamente tus riñones. -
Le entras con ganas a la sal y al azúcar:
Comer sal en exceso sube la presión y eso daña los riñones. Lo ideal es no pasar de 5 gramos diarios. Lo mismo con el azúcar: aunque parezca inofensiva, también los afecta. -
Fumar no solo maltrata tus pulmones:
Sí, el cigarro también puede provocar daño renal. Otro motivo para dejarlo. -
No tomas suficiente agua:
El agua ayuda a sacar toxinas y exceso de sodio. Si tomas menos de litro y medio al día, tus riñones la tienen más difícil. -
Duermes mal o poco:
Si no duermes al menos 7 horas, tu cuerpo no se recupera bien y eso también impacta en estos órganos. -
Te la pasas sentado:
Estar sin moverte muchas horas al día eleva el riesgo de enfermedades renales. El cuerpo necesita actividad para mantenerse en forma, por dentro y por fuera.
Ahora, si te preguntas cómo saber si tus riñones ya están sufriendo las consecuencias, estos son algunos avisos que podrías notar, según la American Kidney Fund:
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Orina espumosa
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Hinchazón en manos, pies o tobillos
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Presión arterial alta
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Cansancio fuera de lo normal
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Orinas más o menos de lo habitual
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Náuseas o vómitos
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Falta de apetito
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Comezón constante
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Calambres en piernas o cuerpo
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Dificultad para respirar
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Problemas para dormir
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Cambios en tu estado de ánimo
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Niebla mental o falta de concentración
Si reconoces más de uno, no lo dejes pasar. Acude con un médico, hazte estudios y cambia tus hábitos a tiempo. Tus riñones no se quejan, pero cuando lo hacen, ya es tarde.
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