¿Has pensado cuánta vida trae el dinero en remesas que mandan los paisanos desde el otro lado a Tamaulipas? En el estado, esa cifra supera los mil cien millones de dólares al año. Es tanto dinero que coloca al estado entre los principales beneficiados por el esfuerzo de quienes trabajan fuera, sobre todo en Estados Unidos. Juan José Rodríguez Alvarado, quien dirige el Instituto Tamaulipeco para los Migrantes, lo explica muy claro:
“Tamaulipas recibe un promedio de mil cien millones de dólares de remesas al año. Si el comportamiento se mantiene como hasta ahora, al corte del primer semestre vamos a tener otra vez este tipo de ingresos para estas familias”.
Ese dineral, cuando lo pasas a pesos, se traduce en más de 20 mil millones que circulan por el estado, moviendo negocios, comercios y el bolsillo de miles. Las remesas, además de traer alivio a muchísimos hogares, demuestran la fuerza del trabajo de los tamaulipecos en el extranjero y el enorme cariño que mantienen por su tierra. Y no solo se trata de enviar dinero. Rodríguez Alvarado destacó cómo el gobierno estatal cuida a su gente migrante. Atienden a niñas, niños y adolescentes en tránsito, repatriación o que buscan asentarse.
“Consideramos un poquito más de 230 mil familias que son receptoras de remesas. Contamos con siete albergues por parte del Estado y dos federales dentro del programa ‘México te abraza’. La atención a los migrantes es muy eficiente, y se ha mejorado notablemente en el respeto y la protección de los derechos humanos”.
Programas como México te abraza y México paisano también están al pie del cañón. Se dedican a dar información y todo tipo de apoyos a quienes vienen o van. Finalmente, Rodríguez Alvarado recordó que estos movimientos migratorios son normales, pues muchos paisanos ya tienen su vida hecha del otro lado.
“Los flujos migratorios de paisanos son personas que tienen la condición migratoria para poder entrar y salir de Estados Unidos. Su domicilio ya está allá, por eso no hay temor de que no regresen”.
Así, Tamaulipas sigue viendo cómo el esfuerzo de sus hijos migrantes se convierte en bienestar para quienes se quedaron gracias al dinero en remesas. Una muestra viva de amor a su gente y a sus raíces.
Por Lupita Domínguez González























