La mañana del martes 10 de junio arrancó con el corazón acelerado para muchos en Laredo. Lo que parecían ser simples operativos terminaron convirtiéndose en una jornada de puro nervio. En plena obra en construcción, allá por la zona de Gator Point, varios trabajadores fueron sorprendidos por presuntos agentes de ICE por posibles redadas en Laredo. Según testigos, comenzaron a interrogar directamente a los obreros.
“Nos preguntaban si teníamos papeles, si éramos de aquí… unos salieron corriendo del susto”, declaró un testigo que prefirió no dar su nombre.
Lo que pasó después fue igual o más alarmante. En redes comenzaron a correr rumores sobre la presencia de ICE en Taco Palenque, sobre la calle Saunders. Aunque no hay confirmación oficial, el pánico ya estaba desatado. Las publicaciones en Facebook y WhatsApp corrieron como pólvora. Vecinos comenzaron a advertir a otros sobre evitar ciertas zonas. El miedo, como ya es costumbre, se propagó más rápido que la verdad.
Todo esto ocurre mientras el país vive una fuerte polémica por las políticas migratorias por las redadas de ICE en Laredo y el resto del país. Organizaciones civiles han levantado la voz, asegurando que los más afectados son los trabajadores indocumentados y las familias hispanas.
“Esto no es una redada, es una cacería. Vivimos con el alma en un hilo”, expresó una madre que trabaja en el norte de la ciudad.
Hasta ahora, ICE no ha dicho una sola palabra. Ningún comunicado, ningún detalle, solo silencio. Y ese silencio, en una comunidad como Laredo, pesa. Laredo no es cualquier ciudad. Aquí la vida se teje entre dos mundos, y lo que pasó el lunes dejó claro que el miedo no tiene fronteras.























