Tamaulipas no solo tiene viento, también tiene visión con la energía eólica. Con 13 parques eólicos funcionando en municipios como Llera, Güémez y Reynosa, el estado se ha colocado entre los primeros en generación de energía limpia en el país. En total, ya suma una capacidad instalada de 1,722 megawatts. Así lo aseguran datos de la Secretaría de Desarrollo Energético estatal. Con claridad se explicó por qué esta apuesta es importante. Así lo dio a conocer el subsecretario de Energías Renovables, Roberto Rendón Mares.
“La energía eólica representa una fuente limpia, sostenible y autónoma, que aprovecha un recurso gratuito e inagotable: el viento”.
Y los números no mienten: casi el 30 % de toda la energía eólica que se produce en México sale desde tierras de Tamaulipas. Específicamente, el 27.11 %, lo que coloca al estado como el segundo más importante en este rubro a nivel nacional.
“Esto refleja el compromiso con una transformación energética responsable y sostenible”, añadió Rendón Mares.
El secreto detrás de este crecimiento no solo es el viento. La tecnología ha jugado un papel clave. Los aerogeneradores que operan en el estado son más modernos, hacen menos ruido, son más eficientes y funcionan incluso cuando el viento no sopla tan fuerte. Eso permite que la producción sea constante todo el año.
A pesar de los avances, aún queda trabajo por hacer. Uno de los grandes retos es conectar toda esa energía generada al sistema eléctrico nacional. Solo así se podrá aprovechar mejor la infraestructura y asegurar que llegue más energía limpia al noreste del país.
El modelo energético de Tamaulipas también está atrayendo atención fuera del estado. Empresas y organismos internacionales están volteando a ver esta región como una zona ideal para invertir en energías limpias. Esto gracias a una mezcla ganadora de geografía, política pública e infraestructura. Para Rendón Mares, el mensaje es claro:
“Apostar por el viento es apostar por un futuro sustentable y autónomo”.
Además de cuidar el planeta, este tipo de energía genera empleos y mueve la economía en las comunidades cercanas a los parques eólicos. Un beneficio que se siente, se ve y se escucha… con cada ráfaga que mueve las aspas.
Por Enrique Jonguitud Blanco























