Los frutos secos, ese delicioso y práctico snack, van más allá de su sabor, son una fuente sorprendente de beneficios para la salud. Especialmente, para tu corazón y memoria. Desde nueces hasta pistachos, estos pequeños alimentos naturales se han ganado su lugar como aliados en una dieta saludable.
¿Qué son los frutos secos?
Los frutos secos son alimentos con una semilla comestible y una cáscara dura que protege su interior. Sin manipulación humana, tienen menos del 50% de agua, lo que les da una gran densidad energética y una larga vida útil sin necesidad de cuidados especiales. Entre ellos encontramos las famosas nueces, almendras, avellanas, pistachos, nuez de la India y macadamias. Lo mejor es que son perfectos para incluir en una gran variedad de platillos o comerlos como snack.
Los beneficios para la salud de los frutos secos
Entre los beneficios para la salud que aportan los frutos secos están que ayudan a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares gracias a su contenido de ácidos grasos insaturados y otros nutrientes. Favorecen la circulación sanguínea al reducir el colesterol LDL (malo) y aumentar el HDL (bueno), disminuyendo la inflamación en las arterias. Así lo asegura Mayo Clinic.
Nueces y almendras son especialmente ricas en ácidos grasos omega-3, esenciales para el cerebro. Un estudio de la Universidad de Readinghan, publicado por Food & Function, comprobó que incluir frutos secos en el desayuno puede mejorar la memoria, concentración y tiempos de respuesta. Además, de proteger el cerebro del estrés oxidativo.
Estos alimentos también contienen vitamina E, polifenoles, magnesio y zinc, propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que mejoran la salud en general. Además, su fibra favorece la digestión y ayuda a controlar el apetito. Convirtiéndolos en una opción ideal para mantener una dieta equilibrada sin sacrificar el sabor.
¿Cómo conservar los frutos secos?
Aunque los frutos secos tienen una vida útil bastante larga, su alto contenido de grasas saludables los hace susceptibles a la oxidación. Para evitar que pierdan su sabor y valor nutricional, es importante guardarlos en recipientes herméticos, alejados de la luz y el calor. Si deseas prolongar su frescura, especialmente en los frutos más grasos como las nueces y las avellanas, puedes refrigerarlos o congelarlos. Pueden durar hasta seis meses en la nevera y hasta un año en el congelador.























