En México siempre han sabido abrirle la puerta a jugadores mundialistas en Liga MX. Desde los años 70 comenzó esta tradición con varias figuras brasileñas. En esa época aterrizaron en el país nombres como “Vavá”, “Didí”, “Oreco”, “Coutinho” y Jonas Eduardo Américo “Edú”, quien fichó por Tigres en 1979. Él venía de ser campeón del mundo con Brasil en 1970.
Unos años más tarde, la consagración de Argentina en 1978 atrajo a más campeones a la Liga MX. Entre ellos Leopoldo Jacinto Luque y Ricardo Lavolpe. El arquero terminó defendiendo la camiseta del Atlante. La historia siguió en 1986. El título de Argentina también animó a varios integrantes de esa selección a probar suerte en tierras mexicanas. Llegaron Óscar Ruggeri, Claudio Borghi, Sergio Almirón, Luis Islas y Héctor Miguel Zelada.

En los 90 y principios de los 2000, otro par de cracks brasileños hizo ruido al aterrizar como uno de los jugadores mundialistas en Liga MX. “Bebeto” llegó para vestirse de Toros Neza, mientras que Ronaldinho movió masas con el Querétaro. Y el flujo de campeones no paró en tiempos recientes. Florian Thauvin, Sergio Ramos y Ángel Correa fueron los últimos en llegar al futbol mexicano. Dos se pusieron la playera de Tigres y el español fichó con Monterrey. La tradición sigue viva. Y cada vez que un campeón del mundo pisa México, la liga se enciende.























