En el Hospital de las Culturas, el personal médico trabaja contrarreloj para estabilizar a una paciente en condición crítica. Se trata de una niña de 10 años, originaria de San Juan Chamula, ingresada tras sufrir graves complicaciones por dar a luz en Chiapas.
El traslado ocurrió el pasado fin de semana, cuando sus padres la llevaron al Hospital de la Mujer al iniciar las contracciones. Debido a la severidad del cuadro, fue enviada de inmediato a un centro de mayor especialidad en San Cristóbal de Las Casas.
Con apenas 1.20 metros de estatura y 40 kilogramos de peso, el cuerpo de la niña de 10 años que da a luz en Chiapas, no estaba preparado para un proceso obstétrico. La falta de madurez física derivó en daños internos considerables. Especialistas confirmaron lesiones severas en tejidos. Además del aplastamiento de vejiga y uretra durante el esfuerzo del alumbramiento. La paciente permanece bajo vigilancia extrema.
El bebé, nacido dos semanas antes de completar la gestación, logró sobrevivir pese a un trabajo de parto prolongado y su evidente fragilidad. Ambos continúan bajo observación médica. A partir del aviso de un trabajador de la salud, la Fiscalía Indígena abrió una carpeta de investigación. Hasta el cierre de esta edición, no se reportan personas detenidas.

El caso se suma a un problema persistente en la entidad. Chiapas encabeza el país en nacimientos de madres adolescentes. Con 9,176 registros hasta 2024. De ellos, 757 corresponden a niñas de entre 10 y 14 años.
Situaciones similares en la región. Como una menor de 11 años en Tuxtla Gutiérrez, con un adulto de 32 años como padre del bebé, mantienen encendidas las alertas. Las autoridades y especialistas insisten en la urgencia de fortalecer los mecanismos de protección infantil.
Desde el ámbito médico y social, el embarazo a edades tan tempranas implica riesgos elevados. Se asocian complicaciones como preeclampsia. Además, de hemorragias, desnutrición y fístulas obstétricas. A ello se suman efectos emocionales, entre ellos depresión, baja autoestima y abandono escolar. Todo impacta de forma directa en su desarrollo y futuro. Aunque la ley mexicana fija en 18 años la edad mínima para el matrimonio. La realidad muestra que pobreza, falta de educación sexual y violencia continúan vulnerando derechos de niñas y adolescentes.























