La apariencia de nuestro mundo actual es solo una fase pasajera. Aunque distinguimos seis regiones geográficas, la actividad interna del globo las desplaza sin descanso. Hace unos 200 millones de años, el antiguo bloque continental inició su separación. Este movimiento dio lugar a la geografía que habitamos en el presente. No obstante, el desplazamiento de las capas terrestres continúa su marcha lenta. Esto abre paso a una configuración mundial totalmente distinta en el futuro remoto de una nueva Pangea.
El calendario para el nacimiento de Pangea Última
Diversas proyecciones geológicas indican que la Tierra formará un supercontinente en unos 250 millones de años. Los estudiosos han bautizado a este colosal bloque como Pangea Última. Antes de esta gran fusión, el mapa sufrirá variaciones paulatinas pero impactantes. En unos 50 millones de años, África se moverá hacia el norte, eliminando el Mediterráneo. Asimismo, América del Norte modificará su ubicación actual durante ese periodo de tiempo. Con el avance de los siglos, el océano Atlántico se volverá cada vez más pequeño.
La desaparición de los océanos actuales
Para dentro de 100 millones de años, el Atlántico podría iniciar un proceso de clausura definitiva. Esto acercaría paulatinamente a las tierras americanas con los bloques de Eurasia y África. Se estima que en 150 millones de años este mar se desvanezca casi totalmente. Dicho evento resultará fundamental para que las masas terrestres choquen y se unifiquen entre sí. Finalmente, la integración total y una nueva Pangea de los suelos se concretaría entre los 200 y 250 millones de años. Así nacería una nueva etapa en la evolución física de nuestro hogar planetario.

Un entorno hostil para la existencia
El surgimiento de este supercontinente traería consigo un ambiente sumamente riguroso para los seres vivos. La mayor parte del mundo podría enfrentar calores que superen los 40 grados Celsius. Las colisiones entre las placas terrestres elevarían drásticamente la frecuencia de las erupciones volcánicas. Esto liberaría volúmenes masivos de dióxido de carbono, potenciando el efecto invernadero actual.
Incluso se sospecha que el 90 por ciento de la superficie se volvería inhabitable para los mamíferos con una nueva Pangea. La vida enfrentaría un desafío de supervivencia sin precedentes ante estas transformaciones climáticas naturales.























