En el municipio de Teuchitlán, Jalisco, se hizo un hallazgo impactante dentro del Rancho Izaguirre: mochilas, cartas de despedida, fotografías, listas con apodos y más de 200 pares de zapatos, objetos que parecen haber pertenecido a los reclutas de lo que se sospecha fue un centro de adiestramiento y exterminio.
Este descubrimiento lo hizo el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco el 5 de marzo, luego de recibir un aviso anónimo sobre restos humanos en la zona.
Además de los objetos mencionados, se encontraron medicamentos, productos de higiene, carteras, libros y altares a la Santa Muerte. Entre los textos hallados destacaban títulos como El arte de la guerra de Sun Tzu y una biblia que contenía fotos de un niño.
Reclutas del rancho Izaguirre
Según testimonios, el grupo criminal operaba bajo un estricto control. A los reclutas les quitaban sus pertenencias y les asignaban un apodo para borrar sus identidades. Durante su estancia, eran sometidos a un régimen de disciplina extrema. En una habitación del rancho se encontraron mochilas quemadas, de diversas marcas, y objetos que podrían haber pertenecido a personas desaparecidas o fallecidas.
Uno de los hallazgos más reveladores fue un cuaderno con instrucciones detalladas sobre el desarme de un fusil AR-15. En sus páginas se leía: “Solicito autorización para realizar el desarme parcial de mi AR-15”, seguido de una descripción técnica de las piezas del arma.
Estas notas sugieren que los reclutas recibían formación teórica sobre el manejo de armamento como parte de su entrenamiento. El colectivo Guerreros Buscadores mencionó que estos cuadernos eran usados como material didáctico para capacitar a los jóvenes en el manejo de armas largas.
El “centro de adiestramiento” funcionaba como una especie de “escuelita del terror”, según testimonios recabados. Los jóvenes, en su mayoría provenientes de otros estados, eran atraídos por falsas ofertas de empleo en redes sociales.
Una vez aceptaban, eran llevados al rancho, donde se les despojaba de sus pertenencias y se les asignaba un nuevo nombre.
El adiestramiento comenzaba de inmediato. Los reclutas dormían en condiciones de hacinamiento sobre lonas en el suelo dentro de un galpón cubierto con láminas. Sus jornadas incluían ejercicios físicos extenuantes, simulacros de combate bajo alambres de púas y prácticas con armas de gotcha.
Además, tenían que recorrer un laberinto de entrenamiento, y luego repetir el recorrido con los ojos vendados. Quienes superaban esta primera fase, conocida como “el kinder”, eran enviados a otras regiones del país para participar en combates.
Los más fuertes eran luego trasladados a una segunda fase de adiestramiento, donde las pruebas se volvían más brutales. Ahí, se utilizaban armas con proyectiles congelados que podían perforar la piel, y los instructores, exmilitares de México y Colombia, impartían lecciones en un ambiente de violencia extrema.
Algunos sobrevivientes relataron que los instructores castigaban severamente cualquier error. “Si alguien cometía un error, lo mataban ahí mismo. No había margen”, relató la activista Índira Navarro en entrevistas con medios nacionales.
El control psicológico dentro del rancho también se evidenció en testimonios como el de Luis “N”, un joven que logró escapar. En entrevista con el youtuber Gusgri, relató cómo debían pedir permiso para incluso las acciones más básicas, como beber agua, ir al baño o recoger una escoba.
Este relato coincide con las frases encontradas en el cuaderno de entrenamiento, donde se evidencia el proceso de anulación de identidad y control absoluto al que eran sometidos los reclutas.
Te puede interesar: Buscadores descubren tres crematorios clandestinos en rancho de Jalisco (IMÁGENES)























